Friday, September 15, 2017

¿GOOD BYE, ESPAÑA?

Recuerdo una película sobre el conflicto de la antigua Yugoslavia, "En tierra de nadie", de Danis Tanovic. Un soldado herido yace sobre el suelo. No puede levantarse porque bajo su cuerpo hay una bomba que estallará irremediablemente en el momento en que su cuerpo deje de ejercer su peso sobre ella. El infortunado pide ayuda a los que pasan por allí, pero nadie sabe qué hacer para salvarle. Al final, uno de ellos dice lo que todos intuyen pero nadie se atreve a poner en voz alta: "ese hombre ya está muerto". Suena raro porque el soldado está tan vivo como usted o yo, pero, salvo que alguien encuentre un inimaginable remedio, la realidad es así de cruda, sólo hace falta atreverse a decirlo sin remilgo. 

Bien, pese a que suene a cinismo, seré igualmente crudo: Catalunya ya no pertenece a España. Dan igual todas las trabas, todos los impedimentos legales, las amenazas: si los catalanes han dejado de sentirse españoles, entonces ya no lo son, es así de sencillo. 

Suena a derrotismo, a dar la batalla por perdida, sobre todo si tenemos en cuenta que soy lo que podríamos llamar un unionista. No duermo con una bandera de España a modo de manta, no soy un patriota fervoroso ni intenso. Simplemente intento no ser hipócrita, y el caso es que yo no deseo que haya secesión. Soy lo que un alemán o un hispanoamericano dirían que soy si me conocieran: soy tan español como Cervantes, los páramos yermos de Almería o la Segunda República. Seguramente soy un mal español, pero me parece más patriota eso que pedir amnistías fiscales, que es a lo que se dedican los que más inflaman el alma con el fervor patriótico. 

Sí, lo sé, no está claro que exceda de un cincuenta por cien el porcentaje de catalanes que no quieren ser españoles. Pero viendo como ha evolucionado la cosa últimamente temo que es cuestión de tiempo, de poco tiempo. Este referéndum no va a valer, eso lo sabemos todos. No sólo no es legal, ni siquiera es legítimo porque responde a una maniobra de chantaje que se ha saltado garantías esenciales tanto de los propios ciudadanos catalanes como las de los del resto del Estado. Pero todo esto no tiene mucho más valor que el coyuntural: podemos, como un tipo al que escuché ayer destilar en el bar un rencor feroz contra los catalanes, pedir a Rajoy que envíe a los tanques a pasear por la Diagonal... Pero, ¿y qué? La realidad esencial no cambia. 

¿De verdad no vemos el problema? Las nuevas generaciones catalanas ya han asumido mayoritariamente que España tiene poco que ver con ellas. Ni siquiera arrastran un viejo rencor acumulado contra el Estado, simplemente han entendido que en el contexto globalizado en que se halla el mundo su pequeño país es perfectamente capaz de sobrevivir como tantas otras naciones europeas a las que los antiguos conglomerados macroestatales como Yugoslavia o la URSS les parecían un lastre.    

¿Tienen razón? ¿Les iría mejor por separado? No lo sé, no tengo respuestas concluyentes, pero tampoco me parece honesto sumarme al coro de los que pretenden meter miedo: no acabaremos así con "el procés", que antes que de secesión es de desafección. 

¿Qué hacemos? No lo sé, pero sí sé que no recuperaremos a Catalunya con la estrategia de Rajoy, al que la historia negra de este país podría reconocer algún día como el Presidente del Gobierno más irresponsable de la democracia. Podemos, como él, creer que sin mover un solo dedo la cosa escampará. O que es una simple cuestión de dinero. Pero no, esto va mucho más en serio. 

Es cuestión de tiempo que haya un referéndum, no éste, desde luego, pero sí otro que establezca unas garantías de las que el 1-O carece completamente, en gran parte por culpa de sus organizadores. Si hay otra solución estaré muy agradecido de que se me comunique. Pero lo que sí tengo claro es que no solucionaremos el problema haciendo como que no existe. 

...Entre otras cosas porque cada día que pasa se agrava. Y el soldado sigue tumbado en tierra, sin que nadie sepa cómo salvarle.  

Saturday, September 09, 2017

¿ABSTEMIOS?

A mí esto de la secesión me da un poco de rabia: joder, toda la vida esperando oír a alguien proclamar una república popular y va y resulta que a mí me excluyen; toda la vida esperando que los líderes de la revolución proletaria me salvaran y va y resulta que las chicas de la CUP dicen que no estoy invitado al paraíso que se prepara al norte de mis tierras. 

Chistes malos al margen, lamento no experimentar grandes convulsiones emocionales con este asunto. El amor que deparo a Catalunya se compensa con lo mucho que me fastidian muchas cosas que suelen hacer los catalanes, empezando por la inveterada costumbre de echarle a Madrid la culpa de todo lo que ellos hacen mal. Por otro lado, me resisto a pensarme a mí mismo descontando la lengua y la cultura castellanas, la Alhambra, los callejones colindantes a la sinagoga de Toledo, las pinturas del Prado o la magia del cante jondo. Pero el ardor patrio con que tales vibraciones podrían incendiar mis entrañas tiende a congelarse cuando me acuerdo tantas y tantas veces cómo a lo largo de mi vida he visto a los peores del país agitando con arrobo -henchidos los corazones, prietas las filas- la enseña rojigualda. 

Lean el artículo de Fernando Savater que les enlazo. Yo quise mucho a este señor, no me arrepiento, aún hay rescoldos de la admiración que llegué a entregarle por su coraje. Pero nada es incondicional, y no se puede aceptar un discurso tan venenoso, tan falaz y tan antidemocrático como éste, en el cual llama de forma más o menos eufemística cobardes a todos los que en este asunto -y supongo que en cualquier otro- no pensamos como él. (Insultar a los discrepantes se vende barato en las últimas semanas, desde que se inflamó al máximo el asunto catalán) 

Lean a continuación el del otro caballero, situado en la trinchera contraria, pero entregado a un discurso similar -ya se sabe que los extremos se tocan-: la izquierda española no se alinea decididamente con la secesión porque aún no ha entendido que España es la causa de todos los males y que los independentistas catalanes marcan la hoja de ruta de nuestra propia salvación. No comento más, es una argumentación demasiado cutre, pero si semejante sarta de gilipolleces le recuerdan a alguien a lo que escribe Savater es que el hombre que nos enseñó a Nietzsche y Cioran debería preocuparse. 

Abstemio, neutral, tibio... y por la misma cuesta descendente termina uno siendo cobarde, acomodaticio y cosas peores. El pequeño problema es que yo no soy neutral ni abstemio, simplemente no pienso darle la razón a quienes no la tienen, y ninguno de los dos autores que he linqueado la tienen porque su discurso, antes que anti o pro independencia, es profundamente antidemocrático. 

Miren, esto en realidad es sencillo. 

Yo no quiero que Catalunya se separe de España. Pero no soy idiota. Aunque sospecho que el porcentaje de catalanes que realmente desean la independencia es menor del que pretenden los defensores del "procés", es impresentable ignorar que las estadísticas demuestran que una mayoría arrolladora de catalanes desean un referéndum de autodeterminación, aunque sea para votar que no. Ya sé que no todo es voluntad popular mayoritaria y que no todo se soluciona organizando votaciones. Pero el imperio de la ley no es garantista si no admite la posibilidad de cambiar dicha ley cuando los derechos de personas y multitudes lo hacen exigible. Soy consciente de que un referéndum en Catalunya abre puertas peligrosas, pero habremos de prepararnos para un futuro en el que la unidad del Estado no sea incuestionable. Dice Rajoy que ser independentista es un derecho, pero si se arranca de raíz y sin debate posible la expectativa de que tal ideología pueda alguna vez traducirse en hechos, entonces ser independentista es un derecho tan intransitivo, vacío y estéril como ser partidario de que los templarios gobiernen el mundo o que las ranas críen pelo. 

No sé si me explico: no encuentro la manera legítima de decirle al ochenta por cien de catalanes que desean ser consultados que el referéndum no se va a hacer, ni éste ni ningún otro. A partir de ahí lo que yo sugeriría a todos los unionistas, entre los que me cuento, es que se preparen a trabajar para que gane el No. Ello no habrá de ser, por supuesto, en esta consulta del 1-O que, además de ilegal, es absolutamente tramposa y responde a una imposición hecha con especial mal estilo. Pero ¿y más adelante? No hablo de diez años, pienso en un periodo más corto y en un proceso con garantías similares al que se abrió en el Quebec o en Escocia. 

Claro que también podemos hacer como Rajoy y los demás patriotas no abstemios, decidir que las leyes no pueden cambiarse... excepto cuando le interese a la Troika o al IBEX 35, como ya se ha hecho.   

Sunday, September 03, 2017

LA HIPOTECA

No contiene otro objetivo este escrito que darles envidia, ¿por qué? porque yo lo valgo, como las celebrities de L´Oreal. Resulta que tras un mes en una playa mugrienta he regresado con las trazas de un galán maduro, o al menos eso es lo que al ver mi piel morena y mis andares gallardos aseveró mi madre, cuyas opiniones sobre mí son altamente fiables. 

No me han pasado este mes vacacional cosas demasiado reseñables. Me pinzó un dedo del pie un cangrejo al que, tras la cólera inicial, decidí perdonar la vida, qué vamos a hacerle, soy un blando. 

Ah, sí, hubo un tipo que, tras conocer mis opiniones sobre la secesión catalana me envió a que me follara un pez-polla, cosa que no sucedió, por más que me sumergí varias veces desnudo en el mar para propiciarla. 

Sin embargo, de regreso a la urbe -y éste es el verdadero motivo por el que pretendo amargarles el día con mi felicidad exultante- me encuentro en el buzón con la noticia de que he completado el pago de mi hipoteca. O sea, que soy libre, la gran cadena se ha roto, he sobrevivido a los dieciocho años de usura con los que el banco ha estado viviendo sin pegar palo al agua a costa del sudor de mi frente... simplemente ha tenido que girarme un simpático recibo cada mes. Aún recuerdo las palabras del señor director cuando firmé: "Felicidades, ya es usted propietario... aunque en realidad la casa no es suya, es del banco, je, je, je..." 

Creí entender el sarcasmo, pero sólo he terminado de capturar su auténtico sentido con el paso de los años, cuando me fui dando cuenta de que la oligarquía financiera es la verdadera dictadura de nuestro tiempo. 

En estos dieciocho años han pasado muchas cosas. Hemos cambiado de milenio y de moneda, el yihadismo se ha convertido en la peste negra de nuestro tiempo, y nos hemos instalado en una recesión económica que nos ha recordado a los españoles quienes somos y de donde venimos. Mi amado prestamista ha hecho con mi dinero toda suerte de cochinadas: ha especulado a saco con el mercado inmobiliario, ha estafado a sus clientes veteranos con un diabólico producto financiero llamado "preferentes", ha financiado los proyectos más delirantes de nuestros políticos, ha deshauciado hasta a su madre, ha amparado la corrupción, se ha pegado tournés estupendas por paraísos fiscales, ha cerrado sucursales donde atendían al cliente sustituyéndolas por centros donde sólo hay comerciales, ha echado a empleados a miles y a algunos los han recontratado porque les salía más barato... incluso ha financiado la quiebra de clubs de fútbol arruinados por la rapiña y la negligencia de sus directivos...

Esta pintura, claro, es muy tendenciosa y responde a una pulsión vengativa muy del neanderthal que llevo dentro, vale. Pero déjenme contarles un par de cositas. 

En lo peor de la crisis, con el Estado quebrado y al borde del rescate, pregunté a una allegada empleada de banco cómo era posible que mientras todo se iba a la mierda su empresa anunciara ganancias nada despreciables: "Es que los bancos", me contestó, "siempre deben ganar". Al fin lo entendí: es cuestión de interés público que los bancos ganen, ya puede hundirse el país entero que los bancos han de estar siempre a flote. Eso explica lo que me dijo otro banquero en los tiempos en que yo buscaba prestamista: "en fin, usted ya sabe que los banqueros estamos para robar a sus clientes".  Toma ya, me lo dijo un tío que no me conocía de nada y al que yo estaba a punto de elegir para que financiara mi casa: cinismo en estado puro.

Soy feliz, ya lo ven, tengo motivo. Soy libre como Nino Bravo y muchos de ustedes no, es muy pueril, pero me divierte bastante. Bien pensado -y ahora que he sobrevivido a ese hatajo de bandidos- se me ocurre que han jugado bien sus cartas, como un vendedor de alfombras marroquí que me timó en Marrakesh. 

Claro que hay una pequeña diferencia, el marroquí jugó conmigo noblemente, le respeto por ello. En cuanto al Banco... Hay algo que no le voy a perdonar mientras viva. Los agentes financieros de este país - y en general del mundo globalizado en que vivimos- se pasaron décadas repitiendo el mantra thatcheriano de que el Estado es el Mal de la economía y que la condición esencial del progreso es jibarizarlo hasta niveles mínimos, prohibiéndole cualquier tentación de intervención, sobre todo económica, en los asuntos de lo que llaman la "sociedad civil". Después, cuando por su propia codicia y negligencia se arruinaron, corrieron como conejitas hacia el regazo de Papá-Estado para que les sacase del atolladero con mi dinero. 

Me robaron dos veces los muy hijos de puta. Prefiero al alfombrero de Marrakesh.

Friday, July 28, 2017

DERECHO A TODO

Síntoma de salud democrática es la convicción de que los derechos tienden a extenderse. En ocasiones escucho la especie de que "hay demasiados derechos". La pronunció, por ejemplo, un compañero de trabajo para convencer a los demás docentes de que debíamos endurecer el trato hacia nuestros alumnos y echar mano de medidas de castigo con mucha más asiduidad: "los alumnos tienen demasiados derechos", nos espetó. Se equivocaba, y por eso duró poco en la profesión, confundía un instituto de enseñanza secundaria con un cuartel o con una cárcel. Que los alumnos gocen de derechos de los que, por cierto, yo no gocé en muchos casos, es el resultado de una larga batalla que no se ha acabado. Uno de esos derechos es el de recibir una clase de matemáticas en condiciones o el de no ser insultados, por eso el profesor debe apercibir o, si es necesario, sancionar a los alumnos que obstaculizan el desarrollo de la tarea académica o que acosan a sus compañeros. 

 Perdonen que me ponga tan pedagógico, pero cualquier ciudadano de bien entiende que cuando el ejercicio de un derecho conculca el de otros ciudadanos, entonces estamos ante un abuso. A mí me puede gustar el tabaco, pero no puedo fumar en un espacio y público porque destruyo el derecho de otros a no respirar mis humos. 

Últimamente tengo la sensación de que muchos ciudadanos creen que cualquier cosa que les apetezca debe reconocerse como un derecho, y a menudo llaman mojigato, aguafiestas o cosas peores a quienes nos negamos a aceptar que las bicis discurran por las aceras, que se monten bárbaros botellones de madrugada bajo mi casa o que perros peligrosos vayan sin correa ni bozal por donde yo paso con un niño pequeño. 

Lanzaré tres ejemplos para la reflexión, es más que nada por ganas de montar polémica, ya saben cómo soy. 

En un pueblo andaluz se ha celebrado una manifestación nudista contra una ordenanza del ayuntamiento que prohíbe a la gente ir como Dios la trajo al mundo por la playa que forma parte del núcleo urbano. No se engañen, yo voy en pelotas muy a menudo y como no me considero culpable por las gilipolleces que hizo Adán, no me avergüenzo en lo más mínimo de mi cuerpo ni me escandaliza ver las carnes de mis prójimos, sean guapos o feos, hombres o mujeres. Ahora bien, lo que no entiendo es el argumento con el cual las asociaciones afectadas protestan: el naturismo es una ideología, y la desnudez es la libre expresión de sus principios, luego proscribir el nudismo de una playa atenta contra la libertad de pensamiento. 

Pues miren, no, que el nudismo sea una ideología es algo bastante traído de los pelos, salvo que pensemos que cualquier cosa es una ideología. O si lo es, se me ocurre, pero en ese caso me pregunto si quienes tanto pelean por liberarnos de la tiranía del atuendo no ganarían crédito a mis ojos si sus ansias reivindicativas se dirigieran contra la precariedad laboral, la violencia contra la mujer o la pobreza infantil. No voy a denunciar a nadie que vaya en pelotas por la playa, ni siquiera -me pasó una vez- si anda sin atavío alguno por el centro de una gran urbe. Pero si el ayuntamiento de una localidad, que representa la voluntad popular, decide que hay unos mínimos de respeto cívico, hay que entender que no es un tema de mojigatería y mucho menos de ataque a la libertad ideológica. De igual manera que un alumno no entra en mi aula con una gorra, tampoco aceptaría que entrase desnudo; de igual manera que me parece aceptable e incluso saludable que dos alumnos se besen, no vería con buenos ojos que se pusiesen a follar en medio del pasillo. Lo que no intento decir es que no todo es aceptable, y eso tiene que ver con muchos aspectos de la convivencia más trascendentes que la ropa, pero también con ella. 

Segundo caso, me sorprende mucho el consenso que advierto respecto a los "hoteles para adultos". De igual manera que no hay bares para fumadores porque entonces casi todos los bares se acogerían a esa posibilidad, convirtiendo los bares libres de humos en lo que eran antes de la ley antitabaco, es decir, una excepción, temo que los hoteles sin niños podrían proliferar tanto que lo raro fuera encontrar uno al que yo pudiera acudir acompañado de mi vástago. 

Esta sólo es una hipótesis, pero no lo es la evidencia de que la Constitución evita discriminar a las personas, y no veo por qué vetar a los niños en un lugar público -y un hotel lo es, aunque su titularidad como negocio sea privada- es distinto de poner hoteles sin negros, sin disminuidos psíquicos o sin transexuales. Ya puestos, y en aras de la "segmentación" o "diversificación de oferta" que plantean ciertos empresarios hoteleros que defienden esta medida, podrían montar hoteles sin mujeres, que ya se sabe que emplean demasiado tiempo en asearse y sobreocupan los cuartos de baño, sin madrileños, que son prepotentes, o sin Testigos de Jehovà, que son unos pelmazos. 

Lo que intento decir con estas gansadas es que en un hotel hay unas normas, y que si yo las cumplo, aunque vaya con niños, debo tener el derecho a que se me permita usar sus servicios. Por cierto, algunos adultos sin críos deberían haber sido echados a patadas de establecimientos en los que he estado con mi vástago... No sé si me estoy explicando. 

Acabo ya y les dejo en paz. La Consellera de Sanitat de la Comunitat Valenciana se ha negado a reconocer el carácter clínico de la homeopatía y de otras prácticas "pseudo-científicas" como la hipnoterapia, la acupuntura, la medicina ayurvédica, el chi-kung, el yoga, la reflexología, el shiatsu, la fitoterapia, el reiki...

No es mi objetivo debatir el poder terapéutico de toda una larga serie de prácticas ajenas a la llamada "medicina convencional" o "alopática", ni siquiera creo que lo sea de la señora Montón, aunque seguro que la consideración de que todas estas especialidades no han demostrado su eficacia encuentra encendidas hostilidades. Lo que pretende la consellera es contestar a la demanda de quienes pretenden incluir ciertos productos y prácticas dentro del programa y la financiación de los hospitales públicos. 

Citaré a un amigo médico, Fran: cuando algún paciente le dice que está siguiendo tal o cual tratamiento ajeno a la práctica convencional que un médico común lleva a cabo diariamente, él les pregunta si les está sentado bien, si les ayuda... Si el paciente contesta que sí, Fran ya no añade nada más: "siga con ella entonces, pero no se olvide del tratamiento que yo le he dado". Hay mucho que decir sobre el funcionamiento de los hospitales, sobre las guardias infernales que se come Fran o sobre la competencia de algunos profesionales. Pero esa es otra historia. Si la medicina alopática es un servicio público no es porque haya una conspiración de oscuras élites para impedir que prosperen el reiki o el curanderismo, sino porque desde Galileo y Newton resulta que los niños ya no se nos mueren como moscas ni somos ancianos moribundos con cuarenta años, como sucedía cuando la única medicina era homeopática. 

Practico taichi y meditación, artes milenarios y en cuyo poder terapéutico para mi complicado sistema nervioso creo firmemente. Pero, qué quieren, no aspiro a que me los pague la ciudadanía. Por otro lado, si he de tener un ataque de apendicitis, cosa bastante desagradable en cualquier caso, prefiero tenerlo en 2017 que en en el siglo XV. 

Feliz canícula, les quiero. 

Friday, July 21, 2017

ÚLTIMAMENTE ME PREGUNTO SI HAN DECIDIDO EXTERMINARNOS



1. Omar Little, uno de los personajes más fascinantes y contradictorios en la historia de la teleficción, vive en una ciudad repleta de hampones que pasan las cinco temporadas de la magnífica The wire intentando liquidarle. Parece imposible sumar tantos enemigos peligrosos y salir vivo de tantos atentados contra su vida. Al final -viene un espoiler- Omar muere por el disparo de un niño al que nunca habíamos visto antes y del que ni siquiera sabemos si tiene algún motivo para hacerlo. Es en apariencia una muerte ridícula para un héroe de tan colosales dimensiones, y, sin embargo, cuando ocurre lo entendemos: de alguna inexplicable manera hay un destino irónico que se ríe de nosotros mientras Omar Little agoniza. 

Me asalta esa imagen cuando pienso que a lo mejor quienes terminan por exterminarnos a todos son Trump y Kim Jong-un. Hemos hecho Santa Sofía de Estambul, las pirámides o la democracia, merecemos algo mejor, pienso, pero luego me acuerdo del niño de Omar, y creo que nuestra hipotética extinción a cargo de estos dos niñatos tendría algo sarcástico.  

2. Mi ex-alumno y sin embargo amigo Enrique Ferri anda algo afligido estos días por la muerte de George A.Romero, mítico director de películas de terror y con los zombis como protagonistas estelares. El encanto irresistible de su primer film, "La noche de los muertos vivientes", de 1968, tiene que ver con lo exiguo de sus medios. Apenas máscaras ni cuerpos deshechos, sin vísceras ni apenas gruñidos... sólo ropas de mortaja y ese caminar lento de la maloliente tropa que se acerca para devorarnos. Es pueril, sí, pero lo prefiero al circo de efectos especiales que convierte tantas películas posteriores en un carrusel de sustos y trucos tecnológicos.

3. Se debe leer "Patria", de Fernando Aramburu, sin duda. Hay un pasaje que me conmueve, pero en él no hay lágrimas ni asesinatos ni familias enfrentadas. Dos etarras se ven obligados a pasar una noche al raso en el Monte Igueldo de Donostia para eludir un posible registro policial en el piso que alquilan. Desde lo alto divisan la ciudad en su Semana Grande... los ciudadanos vascos divirtiéndose y poteando despreocupadamente mientras ellos están allá, pasando frío y miedo, cargados a la espalda con la misión de salvarles. El desasosiego que les asalta hace que, al menos por un momento, nos sintamos menos lejos de ellos.   

4. Soy muy de Martin Landau, fallecido en estos días. Me atrae ese joven y malhumorado esbirro fiel del gran James Mason en "Con la muerte en los talones", aunque mi recuerdo más antiguo es el de su papel protagonista en la serie Espacio 1999, que me encantaba. Su imagen se agranda con el papel del médico Judá en "Delitos y faltas", obra maestra de Woody Allen, y se hace gigante con su papel de un Bela Lugosi anciano y devastado en el mejor film que ha rodado -y rodará- Tim Burton: "Ed Wood". 

5. Las encuestas en Barcelona acreditan que hoy el mayor problema para los habitantes de la Ciudad Condal es el turismo descontrolado. "Ustedes nos molestan, váyanse", parecen estar diciéndoles los miles y miles de turistas que visitan la ciudad. Paradójicamente, es esa ciudadanía acosada la que ha hecho históricamente grande a las urbes que ahora son masivamente visitadas precisamente para admirar esa grandeza. Una ciudad gentrificada y entregada a la depredación de enormes cruceros y legiones de autobuses, una ciudad sin verdaderos habitantes... es una terrible distopía, pero parece ser la dirección que llevan las grandes villas de Europa, esa península de Asia amenazada con convertirse en un enorme museo lleno de fetiches sin vida. 

6. La Academia de la Lengua Española admite el imperativo "Iros", parece que gracias a los esfuerzos del simpar Pérez Reverte. Mi vástago dice "cantad" o "jugad" porque su madre y yo se lo hemos enseñado. Tiempos difíciles para ser padre o maestro cuando uno es desautorizado incluso por los doctos. 

7. Me repugna todo lo que tiene que ver con Blesa y algunos de su especie. Pero reconozcámosle un último indicio de elegancia. Fingió durante días, acaso semanas, encontrarse en plena forma, interrumpió una banal tertulia para salir con una excusa cualquiera y se alejó lo suficiente para matarse sin grandes aspavientos. 

8. Amo el fútbol, o para ser más exacto, amo el recuerdo de lo que el fútbol hizo por mí cuando era niño. Y saber, sin embargo, que los palcos de los grandes estadios del mundo son ocupados por muchos de los peores indeseables de la Tierra.  


Saturday, July 15, 2017

ESTIVALIDADES

1. Adorno estaba cargado de todas las razones imaginables para preguntar si tenemos derecho a seguir escribiendo poemas después de Auschwitz. Pero la poesía es también testimonio del horror. No le concedamos a los asesinos la victoria de callarnos. Aunque, bien pensado, incluso la determinación de guardar silencio contiene algo poético. 

2. ¿No les parece que la gente cada día es más maleducada? Una profesora, extrañamente contumaz en el empeño de no contestar al preceptivo saludo matutino, explicó que los hábitos corteses le sonaban a hipocresía. La educación que mis padres pagaron me impidió enviar a la mierda a semejante gilipollas. 

3. Mientras tomo mi primer baño del verano en la playa mi cabeza es insistentemente asaltada por una canción de una vieja comedia del desarrollismo español de los sesenta: 

"El mar está fresquíribis, fresquíribis, fresquíribis
y da mucho gustíbiris, gustíbiris, gustíbiris, nadar, 
si se sabe el truquíribis, truquíribis, truquíribis, 
el truco tan sencillo de flotar."

... Y después pretendo que la culpa de todo la tenga el Gobierno. Hay que joderse. 

4. Algunas personas no nos quieren. Nos gusta pensar que no nos entienden, pero a lo mejor es que han descubierto la naturaleza de nuestro juego, o sea, que nos entienden demasiado bien. 

5. No me acabo de reconocer cuando me miro en el espejo. No sé explicarlo y seguramente no van a entenderme, pero es esta la razón por la que creo, erróneamente, que quienes me quieren no lo hacen por aquello por lo que "merezco" ser querido. Este razonamiento vale exactamente igual para quienes me detestan. 

6. Inger Enkvist, una antigua asesora para educación del Gobierno de Suecia afirma que hay que recuperar la disciplina y la autoridad en la escuela. Por fortuna la gente como Enkvist -he conocido así a millares en mi vida- va desapareciendo de las aulas. Lo advirtió el viejo Kant en "¿Qué es la ilustración?", un breve escrito en el que se explica con inigualable claridad el desafío que supone atreverse a ser modernos. "Es incómodo" -dijo- "vivir emancipados. Con cada traspiés que suframos no faltarán quienes nos recuerden que hubiera sido más cómodo no intentarlo". La libertad es el mayor don que nos han legado los dioses, no es extraño que tenga tantos enemigos. 
  

Sunday, July 09, 2017

CONTRACUMBRE DE HAMBURGO

Paso últimamente una hora diaria en las gradas de una piscina cubierta donde mi vástago aprende a nadar. Hace demasiado calor, pero la mayoría de los críos parecen inmensamente felices en el agua. Es una piscina pública, la financia el Ayuntamiento, es decir, el conjunto de la ciudadanía de la localidad en cuestión. Mi vástago conversa animosamente con sus compañeros, algunos de ellos niñas o niños pakistaníes o africanos. La mayoría de estos niños provienen de familias poco pudientes... creo que no somos capaces de imaginar hasta qué punto infraestructuras como una piscina pública generan cohesión social y ayudan a que los jóvenes no se desorienten.

Mientras observo el entusiasmo con que los jóvenes profes -alguno es, por cierto, ex alumno mío del Instituto- les dan instrucciones para desenvolverse en el agua, pienso en que lo único que puedo entresacar de la Cumbre del G20 en Hamburgo es que todo el mundo le tiene miedo a ese gran macho alfa que es Trump, que Gran Bretaña es vocacionalmente una traidora a Europa y que los ricos del mundo presionan a los gobernantes para que les ayuden a aumentar sus ganancias si quieren que les sigan financiando sus partidos políticos y les garanticen el dulce futuro que les espera tras la puerta giratoria. Es posible que mi versión de la reunión en cuestión sea demagógica y simplista, llámenme lo que quieran, pero lo que no van a poder llamarme es ingenuo, los países más poderosos no se han reunido en Hamburgo para defender las libertades, sino para proteger el capitalismo corporativo que se ha convertido en la lógica que atraviesa la globalización.

Todo lo demás es la supuesta violencia de la Contracumbre. Pues miren, no me lo creo. Faltan noticias, pero como he estudiado la evolución histórica de las Contracumbres desde Seattle 99, tengo la sospecha de que las cosas no están siendo muy distintas. 

A ver, sin duda han acudido los Black Blok, grupo de supuestos anarquistas que visten de negro y consideran que quemar contenedores y provocar enfrentamientos duros con la policía es la manera de conseguir publicidad para el evento. Son una pequeña parte del heterodoxo y amplísimo maremagnun de grupos izquierdistas, anticapitalistas, feministas, pro-gays, ecologistas, indigenistas que se reúnen para manifestarse de forma pacífica y creativa con dos objetivos esenciales:

1. Hacer ver a la ciudadanía mundial que en el G20 los amos del mundo van a decidir qué hacer con nosotros, por lo que mejor haríamos haciendo caso de sus reuniones. 
2. Llamar la atención de la gente sobre los problemas que realmente aquejan al planeta y que amenazan seriamente con destruirnos o, cuanto menos, con generar tales niveles de desigualdad que corremos el riesgo de convertir nuestro mundo en un lugar inhabitable. 

Bueno, quizá todos estos grupos -a veces peleados entre ellos- sean un hatajo de hippies histéricos, pero yo de ustedes pegaría una miradita a la web del Foro Social Mundial, auténtico artífice de todas estas contracumbres. Díganme después si creen que el programa de temas que vienen llevando a cabo durante el 2017 les parecen insignificantes: 

-Evolución de los modelos de empresa hacia la empresa integrada o cooperativa.
-Abuso infantil. 
-Resistencia civil y revolución no violenta.
-La renta básica internacional.
-Auditoría ciudadana de la deuda sanitaria.
-Cuidado y salud mental de la población. 
-Decrecimiento y sostenibilidad.
-Sobretasaciones y estafa bancaria. 
-Laicidad y democracia. 
-Disponer de la propia vida: eutanasia. 
-Paro y precariedad. 
-Feminización de la pobreza

Este es un breve extracto de las actividades del Foro Social Mundial en su delegación madrileña, todas ellas dirigidas por gente que parece muy preparada a tenor de su currículum. Es esta gente la que se manifiesta en estas horas en Hamburgo. ¿Se puede ser más irresponsable?