Saturday, May 19, 2018

ADOCTRINAMIENTO

El PP valenciano ha lanzado una iniciativa que invita a los estudiantes a denunciar las situaciones de "adoctrinamiento ideológico" que pueden estar sufriendo. Para ello facilitan un cuestionario en el que piden a la víctima que delate al profesor adoctrinante. En última instancia, los populares descargan sobre el Tripartito el supuesto incremento de casos de esta índole, pues entienden que los autores del Pacto del Botánico han lanzado una ambicioso plan para catequizar a nuestros chicos en atrocidades como la ideología de género, el laicismo o el ecologismo. 

No se me escapa que estamos ante una continuación valenciana de lo ocurrido en Catalunya, donde los populares han denunciado situaciones abusivas o de acoso por parte de profesores secesionistas sobre algunos alumnos. Parece razonable, pero lo es menos que -bajo el discutible supuesto de que los firmantes del Botànic simpatizan con el Procés- sufra persecución cualquier profesor sospechoso de "catalanismo", un viejo fantasma que reaparece de vez en cuando en el País Valenciano como reclamo electoral contra la izquierda.  

En cualquier caso, y como sostengo que muchos conflictos se sustentan en equívocos semánticos, creo que sería bueno aclarar de qué hablamos cuando hablamos de adoctrinar. Dícese con tal vocablo del hecho de inculcar determinado cuerpo de ideas con la intención de obtener partidarios. Se define también como dar instrucciones a alguien respecto a cómo tiene que comportarse. 

Si no precisamos, puede entenderse que adoctrino cuando digo a mis alumnos que mantengan limpia el aula o que cierren las ventanas cuando está puesta la calefacción... son instrucciones de conducta y tienen una base ética, como el valor de la propiedad pública o la lucha contra el cambio climático. Sucede lo mismo  cuando les prohíbo que maltraten a un compañero por el hecho de ser gay, mujer o palestino, o cuando de mis explicaciones infieren que prefiero darles a leer textos de Luther King o Lincoln antes que de Hitler o José Antonio Primo de Rivera. 

En mi Centro celebramos el Día Mundial de la Mujer y vemos con simpatía que las parejas del mismo sexo expresen su amor con la misma libertad con la que lo hacen las heterosexuales. Espetarle a un ecuatoriano "vete a tu país" o llamar "puta" a una compañera es sancionable en nuestro reglamento.  Adoctrinamiento puro, supongo, pero convendría recordar a los señores del PP que para trabajar en una escuela pública hay que jurar la Constitución, y que ésta se sustenta nada menos que en la Declaración de Derechos Humanos, la cual protege todas esas maliciosas formas de vida y pensamiento por razones de libertad y dignidad humanas. 

Claro que también podríamos proceder como en esos colegios privados -normalmente propiedad de la Iglesia Católica aunque sufragados por la ciudadanía mediante conciertos- en los cuales se segrega a varones y mujeres y se limita o evita la presencia de alumnos inmigrantes, minusválidos, económicamente deprivados o con serias dificultades de aprendizaje. El PP defiende a muerte tales prácticas, y a la segregación educativa que fomentan le llaman "libertad de elegir". Y, claro, en esos coles no se adoctrina, fundamentalmente porque en ellos se fomenta la ideología que a ellos les gusta.

Si entendemos "adoctrinamiento" como imposición ideológica, entonces podemos convenir en que algunos profesores adoctrinan, pues imponen, con evidente malicia y deshonestidad, una visión sesgada, partidaria y no objetiva de las cosas. Conviene no obstante plantearse que, para un Testigo de Jehová o para un habitante de Utah o Yemen, el darwinismo que explican los ultramontanos compañeros de Ciencias Naturales debe constituir un caso de adoctrinamiento. Pero quiero pensar que somos serios, y que el riesgo se halla en, por ejemplo, un profesor que obliga a sus alumnos a compartir su ideología. Ese profesor podría suspender a todo aquel que no dijera que el bando Republicano era el de "los buenos" en la Guerra Civil, a quien se considere católico o a quien defendiera que mola más escuchar a ACDC que a Brahms. Sería un mal profesor, desde luego, no por tener cierta ideología -que todos la tenemos, obviamente- sino por no entender de qué va esto de la democracia. Lo procedente es que ese profesor fuera apercibido y, si procede, sancionado. El problema es que yo conozco a pocos adoctrinadores, conozco a bastantes más que lo que promueven en el aula es el hastío y la indiferencia. 

Miren, yo creo que el verdadero problema es que partimos de un supuesto falaz. 

El supuesto falso es que educar significa "informar" a los alumnos de una supuesta verdad literal o neutra, "hechos, no interpretaciones"... como si lo que llamamos conocimiento fuera tan sencillo como decir que blanco es blanco y dos más dos son cuatro. La verdad siempre es una construcción, una proyección de sentido que el alumno debe ir forjándose al contacto con profesionales que, honestamente, le ayuden a pensar por sí mismo sin tener miedo a ofrecer su propia opinión siempre y cuando aclaren que, en determinados momentos, están opinando. ¿Influir en sus alumnos? Sin duda, pero si unos padres no quieren que sus hijos reciban influencias "externas" lo que deben hacer es no solo no llevarlos a clase sino además encerrarlos en el dormitorio.

Sólo desde una profunda torpeza, en muchos casos malintencionada, se puede confundir esto con el adoctrinamiento. Yo creo que se adoctrina mucho más cuando se dan por incontrovertibles verdades oficiales, como si no hubiera conflicto ni parcialidad tras ellos, como si la unidad de España, la diferenciación entre los sexos, la bondad de la monarquía o la uniformidad del modelo familiar -verdades santas en las que se me educó sin derecho a réplica- fueran la versión "literal" de la realidad y lo demás fueran solo opiniones. 

Lo diré de una vez: el problema de la derecha es que después de tantos años adoctrinando en nuestro país desde el ejercicio del autoritarismo, cada vez que alguien ofrece otra versión de las cosas lo llaman adoctrinamiento. "La culpa de todo...", como dijo una vez un concejal asturiano, "...la tiene la puta democracia".    

Tuesday, May 15, 2018

MAYO DEL 68 (I)

Para ser una insignificancia sobrevalorada, un bluff políticamente intransitivo o una ficción romántico-burguesa, hay que reconocerle al Mayo Francés que es una mentira con mejor salud que muchas verdades. 

La tradición nos lega dos enfoques aparentemente opuestos para juzgar los acontecimientos de París en la primavera del 68. Para los reaccionarios más rancios, Mayo y otros "desórdenes" juveniles característicos de la década de los sesenta son los causantes de la corrupción moral que erosiona las comunidades tardoindustriales. Alejados del ascetismo moral y los templos, los ciudadanos han sucumbido a los cantos de sirena del egoísmo narcisista, el materialismo, la indisciplina o el relativismo ético. Para la izquierda ortodoxa, Mayo es pura impostura, una desviación burguesa que, desde el desorden y la inconsecuencia de sus métodos y propuestas, fue incapaz de construir un armazón revolucionario, diluyéndose finalmente en su propia puerilidad, más dada a los slogans de impacto que a la construcción de instituciones revolucionarias. 

En los últimos años ha ido ganando terreno una interpretación algo más elaborada, aunque su intención es igualmente desacreditar la aventura parisina. Los liberacionismos de los sesenta y Mayo del 68 en particular habrían proporcionado al nuevo capitalismo del corsé cada vez más incómodo de la moral victoriana. En estos términos se expresa la  por algunos llamada "teoría asimilacionista", según la cual el ciclo contestatario juvenil que emerge en esos años protege ideológicamente a su supuesto enemigo. Individualismo consumista, nomadismo hippie, culto a la flexibilidad, sospecha respecto a toda restricción a la libertad ("Prohibido prohibir")... Estas consignas prepararían el terreno al neoliberalismo que ha marcado en nuestro tiempo la hoja de ruta de la globalización. Nada como un sujeto desconectado de sus redes sociales o políticas, nada como la renuncia a toda forma institucionalizada de representación y regulación puede satisfacer mejor los intereses de las corporaciones que hoy dominan el mundo. 

Interesante hipótesis. Interesante y equivocada, además de mezquina y maliciosa, como intentaré demostrar. 

Si queremos afinar el análisis y no caer en los peores tópicos debemos empezar asumiendo que el acontecimiento que hoy conmemoramos tiene sentido dentro de un determinado contexto histórico. Nos referimos entonces a la crisis del gaullismo y, en general, a la crisis del paisaje político heredado de la posguerra y que, concretamente en Francia, se alimentó de un mito tan discutible como el de la Resistencia. También es relevante el fenómeno de la descolonización, con mucho más impacto en Francia que, por ejemplo, en España, que por cierto perdió su única colonia africana, Guinea Ecuatorial, precisamente en 1968. O la masificación universitaria, un fenómeno novedoso en aquel momento. O al incuestionable prosperidad, que invita a pensar en Mayo como una crisis de crecimiento. Todo ello sin olvidar que París-68 es uno más entre otros muchos incidentes de amotinamiento ciudadano más o menos espontáneos que, en algunos casos como México DF o Praga, fueron reprimidos de forma sangrienta. 

"Todo ha ido a peor desde entonces", dicen los escépticos. En la opción más pesimista, es decir, si aceptamos que el mundo que hemos creado desde Mayo es un fracaso, podríamos argüir que nos iría aún peor si no hubiera habido barricadas en París o que, en todo caso, el problema es que, desgraciadamente, los que levantaron las barricadas fracasaron, lo cual es muy distinto a echarle las culpas a aquellos de nuestro actual malestar. 

Comparto el lamento por la despolitización de las sociedades contemporáneas. Pero basta repasar a grandes rasgos el episodio parisino  -su frenética actividad asamblearia, sus debates, sus textos, se encarnizada efervescencia artística y creativa, sus actos colectivos y reuniones de todo tipo- para entender que de lo que se trató en aquellas semanas tan inquietantes y convulsas era de recuperar la iniciativa ciudadana desde las calles. Sólo la izquierda más rancia y burocratizada, esa a la que Mayo pretendía desclericalizar, se puede acusar al 68 de pretender alejar a las multitudes de la lucha política. Otra cuestión es que la movilización escapara de las manos del PCF o los estalinistas, pero es que ellos formaban parte también de la trama que cuestionaban los amotinados. 

¿Individualismo? Yo iría con cuidado en el uso de ciertos conceptos especialmente pregnantes como éste. Mayo del 68 tuvo desde el primer momento una dimensión multitudinaria y colectiva, pero siempre asumió la radical diversidad y autonomía de las unidades que participaban en las asambleas y salían después a las calles a gritar. La modernidad es posible sólo a partir de la libertad de los sujetos. No discuto que el capitalismo ha intentado convertir ese individualismo en puro marketing, en signos de rebeldía simulados que no conducen a la mejora de la sociedad sino al conformismo del consumo. ¿Tan difícil es entender que lo que pretendían los mayistas es justamente lo contrario, es decir, rearmar al sujeto para convertirlo en un ciudadano crítico, activo e independiente? Mayo no nos despolitizó con sus críticas al stablishment político y económico. Lo que hizo fue más bien construir barricadas para contener el avance de ese proceso que ya empezaba a apoderarse de las sociedades evolucionadas. Y en eso Mayo sólo es una pieza más dentro de un serial que abarca toda la década y que, desde la llegada al poder de Kennedy, pone en la calle a los negros, las mujeres, los jóvenes, los homosexuales y tantos otros colectivos con el objetivo de convertirlos en actores políticos frente a las oligarquías que dominaban el mundo. 

Quizá debamos dar por fracasada la Revolución si de lo que se trataba era un mundo sin guerras del Vietnam, sin hambre o sin mandarinatos... Yo creo que el problema es que la mayoría hemos nacido ya en medio de un paisaje de libertades que hemos naturalizado, como si no hubiera costado sudor y sangre conseguirlas. Somos machistas, pero no sabemos lo que era ser mujer hace medio siglo; creemos que la escuela fue siempre como ahora y no cárceles de dominación y violencia; sabemos poco del aborto secreto, o del hostigamiento a las que se separaban o buscaban métodos anticonceptivos; nada recordamos de lo que suponía para un joven estar obligado a ir a todas partes con un traje hecho a medida por un sastre; la represión furibunda del amor en general y de la diversidad sexual en particular; el autoritarismo y la jerarquía incuestionable en la relación familiar; el poder moral de los sacerdotes... Si quieren sigo con el catálogo de horrores.

Y todo esto no se consiguió porque graciosamente nos lo concedieran los gobernantes. Son las multitudes indignadas y organizadas las que transforman el mundo. No es lo más cómodo, desde luego, pero es lo que enseña la Historia. 

Chacun de nous est concerné 

Friday, May 04, 2018

ADIÓS

Recibo la noticia de la disolución final de ETA con un regusto más cercano al alivio que al triunfo. Siempre fui renuente a hacer lecturas políticas de la existencia de la banda, sobre todo a partir del momento en que la democracia, con mayor o menor calidad, era ya irreversible. Su supervivencia hasta ya avanzado el nuevo siglo me parecía una metástasis, un caso patológico de autorreproducción descontrolada mucho más que la expresión militar de una determinada aspiración política. 

En realidad el terrorismo que se fraguó en Europa durante los años sesenta se explicaba por una siniestra paradoja: decía surgir en representación de la voluntad popular, pero si ese pueblo hubiera querido la guerra, no habría necesitado ser representado, el Opresor habría caído por su peso ante la presión ciudadana. La banda no representó jamás a nadie porque ni siquiera los que la jaleaban querían la guerra, sólo querían que otros mataran en su lugar. 

Hay un momento en "Patria", la novela de Aramburu a la que ya es inevitable tomar como referencia del conflicto vasco, que resulta especialmente revelador. Dos etarras han tenido que huir de un piso franco y no encuentran otro remedio esa noche que pasar la noche a la serena entre los ribazos del monte Igeldo. A los pies de la montaña queda la dulce Donosti, en plena Semana Grande. La ciudadanía a la que los dos gudaris han jurado salvar se divierte allá a lo lejos... Y mientras ellos allí, pasando frío y sin un mal pote que llevarse a la boca. 

Me viene también a la memoria el etarra arrepentido que entrevistó Évole. Alguna vez, mientras se pudría en la celda, divisaba una pintada que decía "Eta, mátalos". 

-"Mátalos tú, cabrón", pensaba él, condenado a pasar casi el resto de su vida entre rejas. 


Les hemos vencido, sí... las instituciones han resistido y todas esas cosas, pero ¿cómo pudo durar tanto esta locura? Aún hoy tenemos que aguantar una carta de despedida delirante que daría risa de no ser por la sangre y el dolor infinito que deja detrás. No esperaba que la banda pidiera perdón, pues ello supondría aceptar algo peor que la derrota o el fracaso: negarse a uno mismo el derecho a formar parte del relato, de su lugar en la Historia, convertir toda la supuesta épica y las muertes en combate en una algarada absurda, indigna de ser siquiera recordada. En cualquier caso sonrojan las referencias políticas de la carta: quieren una sociedad "no patriarcal" (vaya, incluso ellos abrazan la corrección política), hablan del Euzkadi sometido al franquismo y al "Estado Jacobino" (¡hostias!)

A lo largo de mi vida he escuchado a muchos radicales hablar de la mentira de la democracia, de la hipocresía de las libertades que creíamos disfrutar mientras "los de siempre" seguían siendo dueños del país: "Nada ha cambiado"... "La dictadura sigue entre nosotros"... Trataban de justificar a Eta, claro. 


Y sí, la tentación totalitaria seguía entre nosotros, y la alimentaban los fanáticos. Soy el primero que se levanta a menudo por la mañana con serias dudas respecto a la salud de las instituciones democráticas...

Pero, verán. En el año 87 recuerdo haber experimentado una de esas crisis personales que a uno le sobrevienen cuando, recién traspasada la adolescencia, se encuentra sin armas bien forjadas con toda esa larga serie de problemas que ensombrecen el alma de los adultos. Una tarde, sintiéndome el tipo más desgraciado de la Tierra -cosa por cierto bastante petulante- atravesé la ciudad entera caminando sin rumbo. Al cabo de unas horas, exhausto, paré en un bar. La tele estaba encendida, transmitía imágenes de humo y cadáveres... Una voz daba cuenta de la tragedia sobrevenida en un centro comercial de Barcelona, Hipercor, una bomba con resultado de 21 muertos y 45 heridos. 

-"Con lo jodida que es ya de por sí la vida y estos locos de los cojones matándonos por nada, qué mierda, joder, qué puta mierda."

Es lo que dije en aquel momento, no es ejemplar, pero los héroes son otros.  Los héroes son aquellos que se atrevieron a manifestar su repulsa en la calle cuando todos los demás quedaban en casa. 

Adiós, hasta nunca. 

Saturday, April 28, 2018

SHOW MUST GO ON

¿Y si la democracia se nos estuviera escapando por donde menos lo esperamos?

Rechazamos la corrupción que infecta las instituciones, celebramos que ahora -en esta era de la transparencia y la sobreinformación- la prensa saca a la luz las ruindades de los mandarines. Son, al parecer, los periodistas quienes nos salvan de las nuevas dictaduras al iluminar los pasillos entre bastidores.

"Al fin vuelve la política"... "Ocúpense de los problemas de los ciudadanos"... Pero la política no regresa porque ya se escapó por el desagüe cuando no mirábamos. Y claro que sigue existiendo la dominación, claro que se toman decisiones, se exterminan poblaciones o se arruinan países enteros. Pero, como en un truco de prestigitador, el público mira hacia la mano que distrae y no a la que maneja los ases. 

Sobrecogidos por la información al instante, queremos creer que ocurren cosas de vital trascendencia y que tienen la galantería de hacerlo ante nuestros ojos. El 23-F o el 11-S nos han hecho creer que podemos asistir en directo y desde el sofá al desarrollo de la historia... pero no vivimos ya en la lógica de lo historiográfico, sino en la del espectáculo. 

¿Cómo hemos llegado a tamaña falsificación? En realidad, la sociedad del espectáculo es el aparato puesto en funcionamiento por el capitalismo financiero enloquecido y descontrolado que gobierna la globalización. Estranguladas por la hegemonía de lo mercantil, las instituciones en que se sustanciaba la democracia -el ágora, las bases de los partidos, las asambleas obreras- quedan liquidadas por la omnipotencia de lo mediático. 

Ante la ubicuidad de la pantalla, se desfonda el discurso ilustrado, según el cual los ciudadanos podemos criticar y transformar la sociedad. Según Guy Debord, padre del concepto de la sociedad del espectáculo, no llegamos a esto "por la aparición de nuevos argumentos, sino porque los argumentos se han vuelto inútiles."

La irracionalidad se apodera de todo en la sociedad del espectáculo. Adiós a la lógica, si esta consiste en diferenciar lo relevante de la fruslería. Los amos del mundo duermen tranquilos porque tras el espectáculo no quedan focos para detectar sus movimientos.

Podemos creer que el nuestro es un país singularmente circense. Y lo es, somos una banda, y el esperpento del último mes en el Gobierno de Madrid, concluido con lo que parece una noticia de El Mundo Today, no es ni mucho menos la clausura del festín. Pese a algún atisbo de cordura por parte de Podemos, no podemos evitar la evidencia más cutre: los electores de Cifuentes pueden aguantar la corrupción del Caso Lezo o el máster falsificado, pero robar dos cremas en el super...demasiado humano, demasiado cerca de cualquiera de nosotros como para seguir teniéndole respeto. 

Ferreras, tan pelma y tan seguro de sí mismo como su señora esposa, han dado el último paso para terminar de convertir la información política en espectáculo. A cada momento consigue que creamos que nuestro futuro está dirimiéndose en la siguiente "noticia de alcance" que va a saltar en unos minutos, después de la publicidad... Y nos darán cuenta de ella como en el carrusel deportivo. Dicen que es un rojo y que está con estos o los otros, pero Ferreras sólo está del lado de la noticia: periodismo de verdad.

Cifuentes será en los próximos días sustituida. Seguirá el espectáculo, no volverá la política, los fieles del PP seguirán votándole aunque digan ahora que prefieren a Ciudadanos. Todos seguiremos dando vueltas en la rueda de la jaula... Eso sí, con la tele encendida. Show must go on. 

Friday, April 20, 2018

ILUSTRACIÓN O ROMANTICISMO

Ante la desidia habitual se celebró hace unos días el 14 de abril, día de la Segunda República. Déjenme que presente una pequeña aportación al octogésimo séptimo aniversario. Me baso en un artículo, Realidad y ficción en política,  publicado en la revista Pasajes por el veterano filósofo Manuel Jiménez, a quien tuve el honor de hacer formar parte en la lectura de mi tesis, hace ya quince años. 

Se refiere Jiménez al trascendente pensador Carl Schmitt, el cual sembró dudas respecto al autoconcepto de la democracia como el régimen en el cual el poder político se gestiona como consenso y los ciudadanos se convierten en legisladores. Esa visión gloriosa constituye en la crítica de Schmitt una ficción. 

Pese a que el Estado moderno surge con la Paz de Westfalia, que en 1648 pone fin a las guerras de religión que asolaron Europa, para Carl Schmitt el terreno político no deja nunca de construirse desde la confrontación amigo-enemigo. Por otro lado, el liberalismo económico conduce irremediablemente a la exclusión de muchos, lo que alimenta el eterno conflicto de clases. Finalmente, y no dejamos a Schmitt, el orden abstracto de los Estados demoliberales contará siempre con la nostalgia de "lo telúrico", es decir, todo ese conglomerado tribal de la tierra, la sangre, las tradiciones y la patria. Ante ese rumor oscuro de lo comunitario -por más que se diseñe a menudo en forma mítica- el Estado moderno será siempre experimentado como una presencia monstruosa y gélida, un cuerpo ajeno e impuesto contra los deseos de la colectividad. 

La primera constitución liberal española es, como sabemos, de 1812. Nació obligada a coexistir precariamente con estructuras premodernas aún muy consistentes. A medida que se va imponiendo el orden burgués en Occidente, emergen los tres grandes nacionalismos albergados por el Estado español. Inspirado por Donoso Cortés, nos encontramos el nacionalismo español. El segundo, basado en el discurso del obispo Torras, según el cual el liberalismo pretende la negación de Dios, sería el catalán. Finalmente, añadiendo el componente racista de Arana, tendríamos el nacionalismo vasco. Los tres guardan afinidades esenciales: perpetúan el espíritu de la Contrarreforma, son clericales y sospechan de la modernidad. 

En 1931 se proclama la constitución de la Segunda República, que se enfrenta en términos demócrata-liberales a los tres elementos perturbadores a los que se refiere Carl Schmitt: el poder religioso, el conflicto entre clases sociales y las singularidades cantonales. 

La República del 31 representa la llegada a una estación largamente deseada por los progresistas y heterodoxos españoles desde tiempos del erasmismo. Desgraciadamente ese lugar ya no existía: la República nace en medio de una colosal crisis de civilización que vería resquebrajarse el modelo liberal en Europa mientras colisionaban el universalismo proletario soviético y el fascismo liderado por Hitler y Mussolini. España no pudo evitar que esa cruenta batalla se nos cobrara como víctimas, de ahí que, sobre todo a partir del 34, el de por sí débil orden liberal fuera silenciado en el fragor del conflicto entre el impulso revolucionario y el donosismo nacional-católico. 

Jiménez declara ilusoria la pretensión de que el bando republicano defendiera el orden constitucional liberal durante la Guerra contra el fascismo. Abundan los discursos que en plena guerra, y contra el criterio de personajes como Manuel Azaña, entendían que la conflagración era la gran oportunidad para un proceso de revolución proletaria. Las potencias democráticas extranjeras tomaron nota y dieron por liquidado el liberalismo español, de ahí que, tras la derrota de Hitler, y ante el miedo a que el estalinismo pudiera introducirse por esta orilla del Mediterráneo, obviaron a España en la hoja de ruta de la normalización demo-liberal. En otras palabras, EEUU y sus aliados decidieron que lo más prudente era aceptar el resultado del conflicto español, lo que supuso más de tres décadas de una atroz dictadura apenas contestada. 

En 1978 se proclama una nueva constitución democrática. Nadie en el país quería una nueva guerra y existía un consenso masivo respecto a la conveniencia de encontrar acomodo entre las democracias europeas. 

El sentimiento generalizado que otorgó la máxima legitimidad a este nuevo proceso histórico entra en crisis -explica Jiménez- con la Gran Recesión que estalla en 2007, crisis de alcance mundial pero que toma derroteros especialmente dramáticos dentro de nuestras fronteras. 

Vuelve a emerger el malestar hispano en la modernidad política...

El Régimen del 78, como lo denominan los rupturistas, ha tenido la suerte que no tuvo el del 31, que cayó porque tras sus fronteras se hundían los liberalismos. Hoy son potencias extranjeras las que sostiene la democracia española:

Si no, hubiera caído ya, o la estaríamos viendo caer, e incluso ha caído ya para muchos.

Me gustaría pensar que son las nuevas fuerzas de izquierda, los
movimientos civiles como el 15-M o los colectivos de parados, deshauciados y excluidos de todo tipo los que han puesto en crisis las instituciones demo-liberales heredadas de los pactos de la Transición. No soy un radical, no tengo ningún deseo de que todo salte por los aires, pero me parece que estamos ante una encrucijada y que debemos hacernos preguntas muy serias sobre la viabilidad y el futuro de nuestras instituciones. 

En cualquier caso, me temo que quien de verdad está poniendo en peligro el statu quo es el independentismo catalán. Uno de sus agentes decisivos, la CUP, aplica su fino sentido de la solidaridad con los pueblos vecinos planteando que la independencia del Països Catalans inicia el desmontaje del gran opresor común, el Estado Español. Gracias. Ésta no sería sino la primera fase de una subversión aún más liberadora, la de Unión Europea, fatal imperio que quedaría disuelto ante la verdad atávica y sagrada de las "auténticas" comunidades del viejo continente. Gracias otra vez. 

Es posible que después de presentarles el texto de Manolo Jiménez, que suscribo casi en plenitud, haya quien, por problemas de vocabulario me denomine "nacionalista español". Puestos a aceptar algún insulto típico de reaccionarios, preferiría que me llamaran "afrancesado". Lo asumo gustoso. La Republique, desde 1789, proclama el Estado como una totalidad abstracta, o lo que es lo mismo, la entidad que reconocemos como contrato entre ciudadanos hace abstracción de la patria, la religión, las tradiciones o la ideología a la que cada uno siente que pertenece. 


Me quedé en el siglo XVIII, qué vamos a hacerle. Pero, ¿saben? cada vez que el XIX y sus ridículos romanticismos se imponen al setecientos, yo me pongo a temblar.  




Sunday, April 15, 2018

SIN ESCRÚPULOS

En vísperas de las elecciones generales que acabaron con el zapaterismo y llevaron al poder a Mariano Rajoy, el estrambótico -pero a menudo certero- crítico de cine Carlos Boyero hizo una aseveración que regresa diariamente a mi memoria: "se van los tontos y vienen los malos". 

A ver, este tipo de afirmaciones suenan a simplistas y pueriles. El PP está lleno de indeseables, conocemos a infinidad de ellos, pero ya saben que no suelo ser indulgente cuando se trata de rojos corruptos, mezquinos, mafiosos o aficionados a las derivas autoritarias. "El verdadero mal es la profesión política", podría decir alguno... Y es verdad en parte, la profesión política es como el Grand National de la hípica: uno va saltando obstáculos mientras ve cómo los demás van cayendo... Lo peculiar es que en la carrera política los bienintencionados y los idealistas, esos que honestamente creen que la política sirve para construir una mejor comunidad, son los que muerden el polvo, mientras que los cínicos, los interesados, los ambiciosos y los que no cargan con el fastidioso fardo de los escrúpulos llegan a lo más alto del podio. 

Es verdad, pero sólo en parte, porque, con independencia de los criterios que gestionan el poder interno en los Partidos, hay algo mucho más relevante, que es la voluntad ciudadana. Lo diré de una vez: el electorado razonable no soportaría mucho tiempo a una Presidenta de Madrid como Cristina Cifuentes... y no soportaría ni un segundo un portavoz como Rafael Hernando. 

Yo no sé si Cifuentes ha sido o no una buena Presidenta para Madrid. Ciertas actitudes que invitan a la moderación y la autocrítica en el PP me hubieran hecho pensar que Cifuentes era algo menos mala que sus predecesores en la presidencia madrileña, Ignacio González, Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón, tres personajes a los que no confiaría ni mi caja de rotuladores y que parecen formar parte de una estirpe política emponzoñada y abominable. Si la todavía Presidenta tuviera un gesto de honestidad, abandonara la ridícula paranoia y reconociera lo que ya ninguno dudamos, que su currículum ha sido falsificado, al menos se ganaría mi respeto. 

"No he llegado hasta aquí con todos los cadáveres que he dejado por el camino para que ahora me crucifiquen por esta mierda"... Sí, es lo que sin duda dice en la intimidad. Y plantea una cuestión inmediata, si los ciudadanos pueden confiar en alguien que hace trampas en cosas tan serias para dirigir los asuntos públicos. Pero hay en el trasfondo algo mucho más grave y que conviene explicarle a quienes piensan seguir votando al Partido más preñado de corrupción de la historia de la democracia mundial: el PP ha convertido una universidad en su chiringuito. Cuidado, no es una alta escuela de negocios de élite que pagan los potentados, es una universidad a la que va todo tipo de gente y que pagamos los ciudadanos. Me lo paso bomba cada vez que gente tan experta en quedarse el dinero del Estado se siga llamando "liberal", qué cosas. 

Permítanme hablar de Hernando brevemente. Recientemente el siempre agudo y sarcástico -o eso pretende él- portavoz del Gobierno salió al paso de la campaña Armas Bajo Control, llevada a cabo por cuatro ONGS tan prestigiosas e influyentes como Amnistía Internacional, Greenpeace, Intermon Oxfam y la catalana FundiPau. Esta campaña denuncia el contrato de construcción de cuatro barcos de guerra por la empresa española Navatia para Arabia Saudí. Al margen de lo dudoso que resulta comerciar con una satrapía como la saudí, donde los derechos humanos son poco más que una broma, los informes de las organizaciones firmantes prevén que se trata de equipamiento militar para seguir atacando el Yemen. La documentación es demoledora, España viene vendiendo armas durante años a países que los usan para cometer atrocidades y violar sistemáticamente los derechos humanos, y las citadas organizaciones declaran que se está haciendo en secreto y violando la propia legislación española, aparte de la internacional. 

Esto no es culpa del PP, también el PSOE o Ciudadanos han sido conniventes con esta trama repugnante que denuncian las ONGs. El atrevimiento intolerable llega cuando el señor Hernando declaró que esperaba que las ONGs -financiadas con los impuestos- darán trabajo a los empleados de Navatia que irán al paro si se hace lo que las citadas organizaciones pretenden. 

Me cuesta entender que a alguien le haga gracia Hernando, cuyo sentido del humor queda algo grueso para mi gusto. En cualquier caso sería bueno explicarle algunas cosas para que las entienda, por aquello de que a lo mejor sus títulos académicos son algo dudosos. 

Greenpeace, Amnistía Internacional y FundiPau se financian con donaciones y cuotas de socios. La razón fundamental es que nacieron con la pretensión de no tener que depender de tipos como Hernando para llevar a cabo su misión. Intermon Oxfam está vinculada a organizaciones religiosas. Es curioso, yo tengo que aguantar que caballeros como éste me obliguen a financiar a la Iglesia Católica, cosa que detesto, y cuando hacen algo que realmente me parece correcto y acorde con una ética evangélica, va y resulta que a Hernando no le parece bien. 

Los fanáticos de gente como Aguirre o Hernando, es decir, quienes se informan de lo que pasa en el mundo a través de La Razón, el As y Forocoches, son felices pensando que las ONGs se dedican a sacarle el dinero a los incautos para vivir sin trabajar o tirarse a negritas de Haití. 

Tengo una cierta idea de por qué existen estas organizaciones: hace cuatro décadas alguien se percató de que en el laberinto de la política internacional sólo era posible afrontar retos decisivos para la humanidad desde organizaciones surgidas de las sociedades civiles sin distinción de fronteras y capaces de actuar al margen de los intereses de los Estados-Nación. El mundo sería un lugar mucho más siniestro y menos democrático si Amnistía Internacional no denunciara prácticas de tortura, maltrato sexual y formas abusivas de toda índole a lo largo y ancho del planeta, incluyendo los Estados que más presumen de su opulencia y libertades. Greenpeace es la cabeza de una auténtica revolución cultural que se inicia en los años setenta y que ha ayudado a detener o al menos ralentizar prácticas de deterioro ambiental que amenazan con exterminarnos... Intermón lucha contra el hambre en el mundo y aplica al pie de la letra aquella idea del pez y la caña, Médicos sin Fronteras, Save the children, Cruz Roja, Human Right Watch...

Yo no sé si alguna persona que pueda leerme es votante del PP. No consientan esto, por Dios. En este momento hay personas que desinteresadamente está jugándose la vida para salvar a seres humanos de las aguas del Mediterráneo en las que pueden ahogarse en cuanto la patera zozobre. Hay médicos que se arriesgan a contraer el ébola y soportan escenas terribles y tienen que hacer acopio de lo mejor de sí mismos para resistir. Hay quien se arriesga a ser secuestrado y degollado por fanático por seguir tramitando la llegada de medicamentos y comida para miles y miles de refugiados cuyas vidas se marchitan en insalubres campamentos en medio del desierto. 

Hay cuestiones que son de ética mínima... Podemos discutir sobre el lugar de las organizaciones humanitarias, sobre el papel de las instituciones, sobre la legislación internacional... Lo que no podemos es dejar que tipos sin escrúpulos dirijan el país.  

Saturday, April 07, 2018

ICETA Y LAS TRINCHERAS

Leo a Daniel Innerarity porque necesito darme de vez en cuando un baño de realidad. Cuando la determinación de no caer en la melancolía del iluso o el maximalista no desemboca en su otro extremo, el cinismo, entonces empezamos a formar parte de las soluciones y no de los problemas. El mayor riesgo que uno corre entonces es que se le insulte llamándole "moderado" o "neutral", cuando no "cobarde" o "colaboracionista". 

Creo haberlo contado ya alguna vez. Al inicio del "Procés", cuando formulé mis dudas a un compañero independentista respecto a la unilateralidad de la estrategia de la "desconnexió", recibí por respuesta la afirmación indignada y en elevado tono de voz de que "si no es desde la fuerza y la ilegalidad, España no entiende nada". Por la noche, tuve en facebook una conversación en valencià con mi amigo Pakuel en el muro de Alejandro Lillo. Un caballero, por lo visto catedrático de alguna universidad de la España profunda, me acusó de ser un independentista radical cuando reconocí a Pakuel que había que entender que en Catalunya se estaba extendiendo el antiespañolismo. Ni al holligan de la mañana ni al de la noche les dio su apasionamiento y su arrebato de dignidad para escuchar mis explicaciones. El primero no me dejó decirle nada y el segundo simplemente no tuvo la educación suficiente para contestarme. Ya ven, bastonazos por ser blanco, bastonazos por ser negro, qué cosas. 

Vivimos en un entorno muy forofo. La gente lee ciertas publicaciones porque le dicen lo que quiere escuchar, le hacen sentir que su enfado es justo y que los antagonistas son malvados. A mí me parece que todo esto no tiene que ver con el momento supuestamente crítico que vivimos, sino con la falta de pedagogía democrática. No queremos entender que la democracia es por definición decepcionante: su destino es desilusionar a quienes creen que se inventó para diseñar una sociedad a la medida de sus deseos. El resultado suele ser la desafección. 

Dice Innerarity: "los políticos son como los entrenadores de fútbol, los chivos expiatorios o los fusibles: cumplen la función de que podamos echar a alguien la culpa de nuestros fracasos en vez de disolver el equipo o disolver la sociedad". Y añade: "No es que ellos sean incompetentes (o no sólo, o no siempre), es que los problemas que les hemos encomendado son irresolubles mediante una competencia profesional; se exponen a que descubramos su incompetencia porque hemos delegado en ellos los problemas en los que se encuentra la mayor incertidumbre". Más adelante añade:  "los políticos son gente que toma decisiones a pesar de que las informaciones son insuficientes y hay inseguridad en relación con el futuro". 

Y continúo con Innerarity, ya verán a dónde quiero ir a parar: "Todas las decisiones políticas, salvo que uno viva en el delirio de la omnipotencia, sin constricciones ni contrapesos, implican, aunque sea en una pequeña medida, una cierta forma de claudicación". Y concluyo donde empecé: "La democracia es un sistema político que genera decepción, especialmente cuando se hace bien". 

Brillante exposición de una paradoja, la paradoja de un contrato social que no se permite la melancolía de la dictadura, aquel tiempo en que los políticos no se pasaban el día peleándose -eso que ahora nos molesta tanto- y las infinitas corruptelas se ocultaban. 

Bien. Mientras leía La política en tiempos de indignación me venía a la mente insistentemente la imagen de un político: Miquel Iceta. Nadie parece tomarle en cuenta, quizá sea porque es pequeño y feote, quizá porque todos hemos asumido que el PSC empezó su lenta extinción con la desaparición de Maragall. Sea como sea, a mí me pareció una obra maestra de la historia parlamentaria su intervención en el día de la proclamación de la República Catalana por el President Puigdemont. Les aconsejaría revisarla. Péguenle también una miradita a alguna intervención televisiva. Hay por ejemplo una en que un presentador de TV3 le lanzó a la arena para lidiar con Pilar Rahola, uno de los talk showers más esperpénticos de la actual televisión. Mientras Rahola soltaba impertinencias y baladronadas con una dignidad vacua, histérica y maleducada, Iceta defendía su posición con esa mezcla de mesura y pasión que le hace -al menos a mis ojos- tan atractivo.  

En estos días Iceta ha propuesto un gobierno de concentración para sacar a Catalunya del atasco. Nadie le ha hecho caso, nadie ha tomado en cuenta ni por un momento esa posibilidad, incluyendo al PSOE. "Yo con estos, ¡jamás!"... y lo que cada uno de los que dice esto hinchando el pecho no sabe es que es exactamente lo mismo que dice aquel al que detestan. 

Yo no sé si Iceta ha dado con la solución. Lo que sé es que los ciudadanos vivimos muy felices exigiendo a los políticos de nuestra cuerda que no cedan, que no sean pactistas, que adopten la línea dura, que al enemigo ni agua... y todas las demás coletillas inflamadas que tanto gustan a quien no tiene que tomar decisiones. 

Me hago mayor. Cada vez estoy más convencido que lo que de verdad hace admirable a un ser humano no son sus ideales sino la capacidad que tiene para llegar a compromisos. Estos siempre parecen una claudicación. Iceta no es un moderado ni un neutral, su posición es para mí muy clara y sus razones admiten pocas ambigüedades, lo cual está muy lejos de lo que algunos le achacan. No son los tipos razonables los que resultan beneficiados de que las situaciones se enconen. La polarización que vivimos, no sólo en Catalunya, daña la popularidad de quienes no creen que la única solución sea exterminar a los antagonistas. La paradoja es que el resultado es una suma cero con efectos de círculo vicioso, pues resulta que las instituciones llevan meses paralizadas, de lo cual los más dañados no serán los líderes del litigio, sino los ciudadanos. 

Tengo amigos en Catalunya, sé por qué lo digo.