Friday, October 20, 2017

VOLVER A LA ACADEMIA

La noción extendida sobre el idealismo político de Platón es, sospecho, tan inexacta como la que define el "amor platónico": aquél que inunda el alma con su luz deslumbrante sin manifestarse en tanto que deseo sexual. No abandono el error y sus consecuencias si afirmo que el intelectual llega a morar en el mundo de las ideas desde el momento en que renuncia a los juegos de la política, a sus vanidades, a sus injurias. 

Veamos. En la Carta Séptima un Platón ya veterano reconoce haber renunciado a la "política activa". Sometida ésta a toda suerte de vértigos y mezquinos intereses privados, la distancia entre el ideal de justicia y la práctica cotidiana del poder se le hace insoportable. 

Sabe bien por qué dice lo que dice. Su amado maestro, Sócrates, fue condenado a muerte por la Asamblea tras un duro proceso en el que hubo de defenderse de las insidias de sus numerosos y encarnizados enemigos. Se le reprochaba connivencia con el gobierno tiránico y filoespartano de Los Treinta, entre los que figuraba alguno de sus familiares. No contempló suficientemente la Asamblea que cuando Los Treinta "invitaron" a Sócrates a participar en una caprichosa detención éste arriesgó el pellejo negándose a obedecer. ¿Cómo puede la polis condenar al más justo y sabio de entre los hombres?, se preguntaba el joven Platón mientras asistía junto a sus condiscípulos al momento en que el maestro tomó la cicuta.  

Traumatizado para siempre, decidió abandonar el Ática y descifrar los secretos de la sabiduría entre las ruinas de Egipto, donde tuvo noticia de la Atlántida. Viajó a Siracusa para habitar en la corte de Dionisio el Viejo en calidad de asesor político, habida cuenta de la fama que ya había alcanzado en Atenas como sabio de la filosofía y las matemáticas. 

Allí conoció al joven Dión, a quien guió en su viaje hacia el resplandor de la verdad suprema, la idea de Bien. Platón entendió que el hedonismo que dominaba a los habitantes del sur de la Itálica alejaba al reino de cualquier proyecto político basado en la Justicia. Aquello terminó por enojar el viejo Rey de Siracusa, sobre todo cuando, tras espetar a Platón que hablaba "como un viejo cascarrabias", éste le contestó que prefería ser un cascarrabias antes que un tirano. Dionisio captó la indirecta, de manera que si Platón salvó la vida fue sólo por su prestigio en el Mediterráneo Oriental, que hizo pensarse al Rey la tentación de sacarle a aquel sabiondo la piel a tiras. Hubo no obstante de abandonar por mar Siracusa en calidad de cautivo, terminando por ser vendido como esclavo en el puerto de Egina, ciudad que había jurado matar a cualquier ateniense que pisara sus calles. 

Un misterioso cirenaico, reconociendo al filósofo, pagó su precio con la única intención de liberarlo para ayudarle a regresar a Atenas. Dión, al conocer la peripecia de su amigo, reembolsó al cirenaico lo invertido, pero éste, convencido de haber actuado con justicia, invirtió aquel oro en comprar un terreno en el Ática para que Platón cumpliera su sueño de fundar la Academia. 

Me atrevo a pensar que aquel gesto de un casi anónimo admirador de la filosofía es uno de los hitos fundacionales de la civilización europea. La Academia, pese a que siempre hubo laureados y plebeyos empeñados en su destrucción, duró casi un milenio. Ya bajo la dirección de su templo, Platón no dejó de afirmar su desprecio por quienes se dedicaban profesionalmente a la política. Y, sin embargo, nunca olvidó que su supremo interés era formar a los futuros salvadores de la polis. Además, no es cierto que hubiera abandonado los corredores del poder para siempre. Hubo nuevos viajes a Siracusa. 

Su segundo estancia no fue más tranquila que la primera. Dión le notificó con entusiasmo que, fallecido ya el viejo Rey, había subido al trono Dionisio el Joven, de quien esperaba grandes cosas. Su decepción debió ser colosal. Cuando llegó el maestro se encontró con un escenario mucho más oscuro de lo que imaginaba. El Rey acusaba a Dión de formar parte del cenáculo de quienes conspiraban contra él. Dión fue finalmente obligado a exiliarse y la posición de Platón se complicó, pues inevitablemente se le asociaba al hombre caído en desgracia. Sin embargo, el Rey insistió al viejo en que siguiera a su lado. De alguna manera su prestigio le era útil, pero Platón se sentía poco menos que como un esclavo privilegiado y tomó la senda del puerto para regresar al Egeo en cuanto pudo. No sería la última visita, hubo una tercera en 360. 

Algún tiempo después, y contra todo pronóstico, Dión decidió regresar triunfal de su exilio con un ejército de mercenarios con el que derrocar al Rey de Siracusa. Invitó a Platón a formar parte de aquella guerra, pero el viejo maestro se negó, haciendo ver a Dión que aquel intento de imponer un gobierno justo por la fuerza era lo contrario de lo que le había enseñado. Dión acabó finalmente con el tirano, pero su gobierno fue igualmente tiránico y no tardó en ser a su vez derrocado y muerto. Platón fue también inquirido por los nuevos apoderados de Siracusa. Les insistió en que intentaran que su gobierno se basara en el ideal de justicia y no en la fuerza de las armas. Obviamente no le hicieron caso.

Platón vivió ochenta años, una longevidad digna de dos vidas en su tiempo. Nunca dejó de pensar sobre la única de sus verdaderas obsesiones, que no eran las matemáticas, ni la metafísica, ni el amor, sino la polis y la posibilidad de construir un gobierno justo. 

Vivimos tiempos en que cualquiera se cree capaz de efectuar estimaciones políticas desde la barra de un bar, pegando alaridos desde twitter, exigiendo porras y encarcelamientos o colgando una bandera en un balcón. Yo reclamo regresar a la Academia, porque la política -como las matemáticas, como el amor, como la vida- es una forma de sabiduría, seguramente la mayor de todas.  

Saturday, October 14, 2017

FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, PROTECTOR DE LOS INDIOS

En momentos de zozobra uno tiende a regresar a sus referentes. Es, supongo, una manera de ceder a un instinto de autoprotección. Debe ser esa pulsión freudiana la que me inclina a regresar a los ensayos de Juan Goytisolo, concretamente a Furgón de cola, un texto de 1962, cuando en pleno desarrollismo el Régimen intentaba adecentar la fachada ante la afluencia extranjera. Un artículo olvidado sobre el esencialismo hispánico de Menéndez Pidal despierta mi atención. 

La trascendencia de la ingente obra investigadora de RMP sobre la literatura castellana no admite dudas ni regatea agradecimientos en el joven Goytisolo que, conviene no olvidarlo, escribe desde el exilio voluntario de París. 

RMP estaba obsesionado por Fray Bartolomé de las Casas, sobre el que lanzó todo tipo de imprecaciones, por ejemplo la de estar "loco de remate" o la de ser un resentido y un paranoico obsesionado con envenenar las glorias de la colonización americana. Como sabemos, Las Casas ha pasado a la historia como fundador, junto a Francisco de Vitoria, del llamado "derecho de gentes", origen de una larga secuencia ética y jurídica cuya estación final, a siglos de distancia, sería la Declaración de los Derechos Humanos. 

En Destrucción de las Indias, en un momento todavía muy temprano de la colonización, Las Casas presenta una descripción interminable de atrocidades cometidas por los conquistadores, cuya crueldad sin límites se ensañaba sobre las comunidades indígenas por la enfermiza obsesión de encontrar oro y plata. Ya en escritos anteriores, producto de un esfuerzo incesante que mantuvo durante su larga vida y hasta la muerte, Fray Bartolomé trató de llamar la atención de las autoridades de la metrópoli sobre el trato inhumano que se otorgaba a los indios. El cronista Gómara, acompañante de Cortés, presentaba como gloria de conquista sobre los bárbaros lo que el dominico desenmascaraba como una suerte de tropelías y un escenario infernal de sangre e infamia. 

Las Casas nunca tuvo dudas, lo único que justificaba el imperio era la evangelización de los indios. Quizá fuera un asceta y, como sugiere RMP, un iluminado del diablo, destinado a alimentar la leyenda negra que los enemigos europeos escamparían después sobre el imperio donde no se ponía el sol. Ciertamente, su biografía está llena de sinuosidades y contradicciones, aunque lo que RMP presenta como las debilidades de un tipo movido por la envidia, constituyen a mis ojos -y creo que a los de Goytisolo- las trazas de un coloso, un personaje fascinante cuya influencia sobre el mundo moderno habría de situarle al lado de un Erasmo de Rotterdam y como precursor de monstruos como Rousseau. 

Las Casas se equivocó en muchas cosas, pero cada vez parece menos claro que fuera un "exagerado patológico", como pretende RMP. Es cierto que demandó a Su Majestad el envío de "negros africanos" con los que trabajar en las minas para evitar la muerte masiva de "mis indios", pero también lo es que antes de morir se arrepintió de aquella evidente incongruencia. A ella por cierto se refiere Borges  con considerable injusticia en uno de sus relatos de Historia universal de la infamia, el titulado El atroz redentor Lázarus Morell.    

Llama la atención la insistencia de RMP en ensalzar la figura de Juan de Vitoria para desacreditar la de Las Casas en tanto que creadores del "Derecho de Gentes". Pese al acuerdo de ambos dominicos en la defensa de los indígenas, Vitoria acepta que las necesidades comerciales justifican las guerras y la esclavitud hacia los insurrectos, en razón de la estéril barbarie de los nativos, incapaces de explotar los recursos naturales porque carecen de la iniciativa de los conquistadores. Son hijos de Dios y, por tanto, humanos, pero no como nosotros, se diría que son niños que necesitan el cuidado y la instrucción de un adulto. Vitoria, a ojos de Menéndez Pidal, legitima la conquista, la humaniza... Vigila posibles excesos pero, en última instancia, acepta que la violencia y el expolio son un pequeño precio a pagar para los indios, que saldrán de su condición prehistórica gracias a tantos y tantos bienes como les transmitirán los españoles. 

¿Por qué ese "resentido" sevillano que llegó a ser Obispo de Chiapas y nombrado por la Corona Protector Universal de Todos los Indios no supo apreciar la grandeza de la empresa? Sólo era un destructor, nos hace ver RMP, un fraile trastornado por los Trópicos que se quedó en ideales medievales. Curioso, es en Vitoria en quien RMP ve la modernidad y en Las Casas donde se manifiesta un pasado que el Renacimiento está ya dejando definitivamente atrás. 

Las Casas, y aquí interviene Goytisolo con evidente acidez hacia Menéndez Pidal, no quiso ver la esencia eterna de la España del Cid, no entendió esa metafísica surgida de los páramos castellanos que convirtió a los conquistadores en arquetipos de un destino universal. La españolización de las Indias era el cantar de gesta que necesitaban los juglares después del Mío Cid y que, en la línea del Amadís, demostraban nuestra condición de nación elegida. 

La gloria, de nuevo la gloria, siempre la gloria... César, el Cid, Amadís y las Sergas de Esplandián disculpan crímenes, matanzas, esclavitud, matanzas, destrucciones. El gran poder militar y las grandes guerras en que sueña nuestro historiador. El gran poder militar y las grandes guerras en que sueña nuestro historiador han sido creadas, diríase, para templar el duro ánimo de los españoles. Singular privilegio el nuestro. Poseedores de un destino particular y único. De una Meseta impregnada de valores metafísicos. De una misteriosa esencia a prueba de milenios.

Esto decía Juan Goytisolo en El furgón de cola. Murió, con una repercusión ridícula, el año pasado. Nació en Barcelona, pero está enterrado junto a Jean Genet en Marrakesh. Sin duda era un mal español. Y también un mal catalán. 

Friday, October 06, 2017

NO, AMIGOS, LA REPÚBLICA CATALANA NO ES UNA OPORTUNIDAD

Algunos amigos han intentado convencerme en las últimas semanas de que el "Procés" y su resolución deseada, el nacimiento de la República de Catalunya, constituye una inmensa oportunidad de hacer una sociedad mejor, y no sólo para los propios catalanes, también para los demás pueblos que forman parte actualmente del estado español.

Miren, yo creo que arrastramos algunos hábitos de pensamiento que remiten a un paisaje socio-político felizmente al actual: el Régimen de Franco. En lugares como Catalunya o Valencia, aunque también en Galicia o Euzkadi, la oposición a la Dictadura hizo embarcar en la misma nave a fuerzas tan dispares como el comunismo y el cantonalismo. Franco no sabía muy bien de qué hablaba cuando se refería a "la conjura judeo-masónica" como quien nombra a la bicha, pero creo que reunía bajo tan delirante palabro a todos los que le molestaban. En cuanto a aquellos, incluso en Madrid coreaban canciones de Lluís Llach creyendo que aquella estaca que entre todos habríamos de tumbar era el Tirano y no la idea de España.

Décadas después seguimos equivocándonos, no entendemos que aquella convergencia era coyuntural. Uno puede creer que es muy progresista pretender autogobernarse, pero no parecen serlo tanto el empeño en levantar muros y fronteras, la obsesión identitaria o la negativa a aportar fondos solidarios y de cohesión hacia comunidades menos desarrolladas. Tampoco conviene olvidar el daño que al movimiento obrero le han hecho históricamente los nacionalismos, auténtico cáncer para el proyecto de las distintas Internacionales proletarias. 

Y sí, la izquierda es por lo común más sensible al hecho diferencial y el carácter plurinacional del Estado por una sencilla cuestión de principios éticos. La derecha suele ser nacionalista, no hay más que fijarse en el PP, en Trump o en Le Pen, con lo cual no es sorprendente, frente a los nacionalismos que le perturban, que opte por el derecho de conquista y la ley del más fuerte, de lo cual tuvimos un ejemplo en las brutalidades del 1-O. El diálogo le interesa bien poco. 

Volviendo a los principios que siempre definieron el discurso de izquierda, no creo que nos encontremos ante una revuelta de clase, sino más bien ante un motín de trasfondo identitario dirigido por una burguesía cantonal.

¿Y la CUP? Sospecho que es lo que los biólogos llaman una especie oportunista. Quizá toda revolución necesite sus sans-culottes, pero dado que la obsesión de Puigdemont y su gente es ahora mismo el reconocimiento del Estado Catalán por la Troika europea, no veo que la CUP, por su supuesta vocación antisistema, termine siendo para ellos otra cosa que un estorbo. Y ya sabemos cómo acabó Robespierre. 

Advierto en los autores del Procés una tendencia a ver el Mal en lo español, identificándolo con la idea de un Estado opresor. Este planteamiento tiene bases históricas, no hay duda, pero parece difícil convencer a un jornalero andaluz de que el Estado es un mal en sí mismo, pues para aquél el mal no es el conglomerado nacional del que forman parte, sino los latifundios y los caciques. Es esta la razón por la cual en Andalucía, al contrario que en Catalunya, jamás gobierna la derecha. 

No es nada escandaloso que para un ciudadano de Catalunya los españoles resulten plastosos y antipáticos, pero hablar de la descomposición de España como una oportunidad para todos los pueblos que conforman el viejo Estado es saltar de forma tramposa desde la propia fobia hasta los intereses de los vecinos frente a los que uno planea levantar muros en breve. En este sentido, pertenecen a la misma lógica las opiniones que llaman fascista a Joan Manuel Serrat -hay que ser ignorante- que las que nos identifican a todos los españoles con Rajoy. Pretender que España sea -como he oído últimamente- un "estado fallido" es no saber lo que es un estado fallido, aludir a lo español como perverso me parece un ejemplo de racismo. 

Subyace, aunque raramente se enuncie, la presunción de que "los catalanes somos mejores, ergo nuestro Estado será mejor". En un tiempo en que el sistema parlamentario ha fracturado su credibilidad social por la corrupción, cuesta aceptar el complejo de superioridad catalán teniendo en cuenta que el asunto del tres por ciento es uno de los casos de corrupción sistémica más escandalosos que jamás hayamos conocido. No obstante siempre he pensado que Catalunya es una nación con más inclinaciones europeístas que el resto de comunidades del Estado, quizá incluso sea -y acaso estoy ya cayendo en el racismo que denuncio- más civilizada y pacífica, pero los mecanismos de su innegable prosperidad son burgueses. Eso no es malo ni bueno, pero es suficiente para que no pensemos que lo que está emergiendo es una república socialista. Conviene no olvidar que el fenómeno de la lucha obrera en el Principado está a lo largo de la última media centuria vinculado a la inmigración procedente del Sur de España, la cual no se siente mayoritariamente representada por los independentistas. Lo que ahora presenciamos no es un episodio de la lucha de clases, es otra cosa. 

He defendido en distintas ocasiones el derecho a la autodeterminación de Catalunya. Voten que sí si creen que les va a ir mejor sin nosotros, pero no me pidan que comulgue con una operación que va a lesionar seriamente el futuro de millones de personas que, honestamente, creemos que España está mejor con Catalunya que sin ella. La verdadera oportunidad es luchar entre todos para alcanzar una sociedad más justa.   

Friday, September 29, 2017

RUPTURAS

Ya sé lo que dije, que no volvería a dar la murga con el asunto catalán, pero como dice el Doctor House, "Everybody lies". Está siendo omnipresente en estos días, y malicio que lo va a ser por mucho tiempo, en parte porque muchos catalanes creen que deben asumir ese protagonismo en el momento actual, pero también porque las fuerzas que lideran la célebre colisión les viene de cine para hacer crecer su popularidad entre sus votantes. Rajoy y Puigdemont coinciden en muchas cosas, los dos son malos gestores de la cosa pública y saben que el "procés" les puede ayudar a disimularlo; los dos son de derechas y creen que la desigualdad es un bien; los dos dirigen partidos sumergidos en las pútridas aguas de la corrupción... y, últimamente, me asalta a menudo la impresión de que son un par de irresponsables. 

Otra sensación que me sobreviene recién es la del hastío hacia ese rol de "moderación" o "equidistancia", cuando no de "neutralidad", que desde una y otra trinchera se atribuye a quienes piensan como yo respecto al asunto. Yo no soy moderado, yo soy un demócrata radical, lo suficiente como para entender que en cualquier conflicto, especialmente en los más inflamados, la posibilidad de imponer la propia voluntad sin ceder en nada pasa por arrollar al oponente, algo de lo que ya hemos tenido larga experiencia en la piel de toro. 

Pues bien, andaba yo de matutino paseo hacia el trabajo en estas cogitaciones y desvaríos cuando súbitamente me invadió una nueva y misteriosa intuición, la cual -debo confesarlo- no hace sino crecer según pasan las horas: ¿por qué no aceptar la posibilidad del "adiós"? No pensaba en Catalunya en ese momento, no sólo en ella, pensaba en lo que ha sido mi vida. 

Hagamos memoria. Mi biografía está repleta de rupturas. Decía Cioran que de responder a sus primeros instintos se pasaría el día escribiendo cartas de injurias y despedidas. En mí no son instintos, ha sido la vida, qué sé yo... las circunstancias, mi impaciencia, la plomiza contumacia de mis prójimos.

A lo largo de mi vida he amado a pocas mujeres, lo hice siempre sin grandes añagazas y con pocas traiciones dignas de grandes coros trágicos... las amé a veces con manifiesta imprudencia. Alguna que otra, como es fácil suponer, me dejó tirado en la estacada. No se lo reprocho, merecían a alguien mejor o a alguien peor que yo, estaban desajustadas conmigo y tuvieron la perspicacia para verlo antes que yo. Se fueron, lloré mucho, sobreviví... salí de aquello sin romperme del todo, creo que incluso siendo mejor de lo que fui.  

Ha pasado lo mismo con ciertos vínculos afectivos o del tipo que sea que llegaron a adquirir mucha intensidad. Algunos se cortocircuitaron en algún momento y se apagaron para siempre. A veces, la cómoda posibilidad de satisfacer los deseos de aquellas personas o de hacerles creer que yo era quien ellos creían y seguramente deseaban me hizo quedar entre la espada y la pared... y opté por la ruptura. Dejé de verles y disipé las dudas respecto a si podría vivir lejos de aquellas personas. Son situaciones duras, dejan jirones en el alma, pero la experiencia me demuestra que el martirio de soportar a tiranos toda la vida es mucho más atroz que el miedo a sentirnos solos y desamparados cuando nuestro barco se aleja hacia alta mar de aquella isla de aires pútridos en la que permanecimos tanto tiempo. 

Llevo semanas intentando convencer a los secesionistas de que no me abandonen. En las últimas horas me asiste el desánimo, no es porque crea que van a ganar "la batalla", sino porque si hay algo que pisotea mi dignidad es que haya de acompañarme alguien que no desea hacerlo. Tengo vocación de muchas cosas malas, pero no de pelmazo. Estoy pensando en las tremendas cesiones que el Gobierno de España tendrá que hacer a Catalunya para aplacar por un tiempo la tentación soberanista, como por cierto ya se hizo con el País Vasco. Pienso en lo mal que le va a mi tierra, el País Valenciano, ferozmente discriminado con la financiación de las autonomías y... no sé, pienso que esto de optar por el Estado roto o el Estado de los privilegios es como lo del fuego y las brasas. 

Sí, señores de la Catalunya independentista, yo también pienso en lo mío, a ver si se han creído que los demás somos tontos. 

Friday, September 22, 2017

ANORGASMIA REVOLUCIONARIA

Se acabó, juro que voy a estar un tiempo sin hablar de lo único... ni con ustedes ni con nadie. No es sólo por no seguir dándoles la lata, que también, sino por higiene personal. Que se rompa España si tiene que romperse, pero yo prefiero hablar del gordito de Corea o de Trump, que también nos van a joder a todos, pero al menos son tan mamarrachos que terminan haciendo gracia. 

Y hablando de humor, no sé si conocen el chiste ese del loro que le pregunta a su amo dónde le pilló el terremoto... ¿Dónde les pilla a ustedes?, quiero decir, ¿qué sensación les produce el asunto catalán? ¿Tienen miedo? Parece razonable tenerlo... ¿Están indignados? También es lógico, ustedes advierten como yo que hay quienes están encantados con los grandes tumultos, pues hacen negocio con ellos. ¿Indiferencia? Bueno, es una opción... A mí, lo que me pasa es que no consigo entusiasmarme con lo que veo en las últimas horas, es como si todo me sonara a un poco de mentira. Esto me provoca cierta turbación interior que me invita a encender el teléfono y avisar a mi psicoanalista, a ver si encuentra algo: ¿por qué se apaga mi viejo ardor juvenil ante los movimientos de masas? ¿Por qué esta anorgasmia?

A ver, la movida catalana reúne en apariencia todos los elementos para configurar una escena revolucionaria como Dios manda. Hay una exigencia popular de libertad masivamente expresada en manifestaciones populares multitudinarias; hay una respuesta represiva y autoritaria, con prohibiciones de actos en la calle e impresiones clandestinas de papeles; hay incluso "presos políticos"... Rajoy nos cae mal, no es que Puigdemont sea un ángel, pero uno ve a Lluís Llach, a Guardiola y a los jóvenes universitarios de Bellaterra enfundados en la senyera y gritando libertad, libertad y... no sé, entrarían ganas de cantar L´Estaca... De no ser porque no me entran, claro. 

He dicho en anteriores escritos que no encuentro manera de deslegitimar la voluntad de convocar un referéndum, y he insistido en que, no siendo "este" referendum el que llevará a una proclamación aceptable de la nueva República, tampoco veo de qué manera evitar que termine pasando lo que la inmensa mayoría de los catalanes desean, es decir, ser consultados con plenas garantías sobre su futuro como la nación que, sin ninguna duda, ya son.  

Bien, y ¿por qué entonces me deja tan frío? Se me ha pasado por la cabeza pedir la doble nacionalidad, una posibilidad que algunos valencianos ya barruntan, pero temo que los catalanes, que son muy civilizados y muy guays, pero rácanos como la madre que los parió, me la van a hacer pagar y no barata. En cualquier caso tampoco me pone mucho esa opción. No sé, creo que es eso de las patrias, los himnos y las banderas... nunca acaba de remover mis fibras emocionales. Cuando algunos catalanes gritan felices y desafiantes eso de "adiós, España, adiós" me pregunto si son conscientes de que la barrera que pretenden levantar -porque de eso se trata, de poner muros- no sólo les aísla de unos cuantos fachas mesetarios y cerriles, sino de otros muchos españoles civilizados que -como es mi caso- jamás aceptarán que los catalanes son unos extranjeros y que cuando pasas de Vinaroz has cambiado de país.

Debe ser que he envejecido porque, ya ven, el 15M si me conmovió. Encontraba en aquello una voluntad de sumar, de encontrarse, de dialogar, de afrontar juntos los problemas. Lo vi también en las concentraciones contra los desahucios, o en Occupy Wall Street, o en la Primavera Árabe, o qué sé yo, el zapatismo de Chiapas y hasta el Mayo Francés, por aquello de hacer memoria...

Me hago mayor, sí... la cosa no tiene remedio.  




Friday, September 15, 2017

¿GOOD BYE, ESPAÑA?

Recuerdo una película sobre el conflicto de la antigua Yugoslavia, "En tierra de nadie", de Danis Tanovic. Un soldado herido yace sobre el suelo. No puede levantarse porque bajo su cuerpo hay una bomba que estallará irremediablemente en el momento en que su cuerpo deje de ejercer su peso sobre ella. El infortunado pide ayuda a los que pasan por allí, pero nadie sabe qué hacer para salvarle. Al final, uno de ellos dice lo que todos intuyen pero nadie se atreve a poner en voz alta: "ese hombre ya está muerto". Suena raro porque el soldado está tan vivo como usted o yo, pero, salvo que alguien encuentre un inimaginable remedio, la realidad es así de cruda, sólo hace falta atreverse a decirlo sin remilgo. 

Bien, pese a que suene a cinismo, seré igualmente crudo: Catalunya ya no pertenece a España. Dan igual todas las trabas, todos los impedimentos legales, las amenazas: si los catalanes han dejado de sentirse españoles, entonces ya no lo son, es así de sencillo. 

Suena a derrotismo, a dar la batalla por perdida, sobre todo si tenemos en cuenta que soy lo que podríamos llamar un unionista. No duermo con una bandera de España a modo de manta, no soy un patriota fervoroso ni intenso. Simplemente intento no ser hipócrita, y el caso es que yo no deseo que haya secesión. Soy lo que un alemán o un hispanoamericano dirían que soy si me conocieran: soy tan español como Cervantes, los páramos yermos de Almería o la Segunda República. Seguramente soy un mal español, pero me parece más patriota eso que pedir amnistías fiscales, que es a lo que se dedican los que más inflaman el alma con el fervor patriótico. 

Sí, lo sé, no está claro que exceda de un cincuenta por cien el porcentaje de catalanes que no quieren ser españoles. Pero viendo como ha evolucionado la cosa últimamente temo que es cuestión de tiempo, de poco tiempo. Este referéndum no va a valer, eso lo sabemos todos. No sólo no es legal, ni siquiera es legítimo porque responde a una maniobra de chantaje que se ha saltado garantías esenciales tanto de los propios ciudadanos catalanes como las de los del resto del Estado. Pero todo esto no tiene mucho más valor que el coyuntural: podemos, como un tipo al que escuché ayer destilar en el bar un rencor feroz contra los catalanes, pedir a Rajoy que envíe a los tanques a pasear por la Diagonal... Pero, ¿y qué? La realidad esencial no cambia. 

¿De verdad no vemos el problema? Las nuevas generaciones catalanas ya han asumido mayoritariamente que España tiene poco que ver con ellas. Ni siquiera arrastran un viejo rencor acumulado contra el Estado, simplemente han entendido que en el contexto globalizado en que se halla el mundo su pequeño país es perfectamente capaz de sobrevivir como tantas otras naciones europeas a las que los antiguos conglomerados macroestatales como Yugoslavia o la URSS les parecían un lastre.    

¿Tienen razón? ¿Les iría mejor por separado? No lo sé, no tengo respuestas concluyentes, pero tampoco me parece honesto sumarme al coro de los que pretenden meter miedo: no acabaremos así con "el procés", que antes que de secesión es de desafección. 

¿Qué hacemos? No lo sé, pero sí sé que no recuperaremos a Catalunya con la estrategia de Rajoy, al que la historia negra de este país podría reconocer algún día como el Presidente del Gobierno más irresponsable de la democracia. Podemos, como él, creer que sin mover un solo dedo la cosa escampará. O que es una simple cuestión de dinero. Pero no, esto va mucho más en serio. 

Es cuestión de tiempo que haya un referéndum, no éste, desde luego, pero sí otro que establezca unas garantías de las que el 1-O carece completamente, en gran parte por culpa de sus organizadores. Si hay otra solución estaré muy agradecido de que se me comunique. Pero lo que sí tengo claro es que no solucionaremos el problema haciendo como que no existe. 

...Entre otras cosas porque cada día que pasa se agrava. Y el soldado sigue tumbado en tierra, sin que nadie sepa cómo salvarle.  

Saturday, September 09, 2017

¿ABSTEMIOS?

A mí esto de la secesión me da un poco de rabia: joder, toda la vida esperando oír a alguien proclamar una república popular y va y resulta que a mí me excluyen; toda la vida esperando que los líderes de la revolución proletaria me salvaran y va y resulta que las chicas de la CUP dicen que no estoy invitado al paraíso que se prepara al norte de mis tierras. 

Chistes malos al margen, lamento no experimentar grandes convulsiones emocionales con este asunto. El amor que deparo a Catalunya se compensa con lo mucho que me fastidian muchas cosas que suelen hacer los catalanes, empezando por la inveterada costumbre de echarle a Madrid la culpa de todo lo que ellos hacen mal. Por otro lado, me resisto a pensarme a mí mismo descontando la lengua y la cultura castellanas, la Alhambra, los callejones colindantes a la sinagoga de Toledo, las pinturas del Prado o la magia del cante jondo. Pero el ardor patrio con que tales vibraciones podrían incendiar mis entrañas tiende a congelarse cuando me acuerdo tantas y tantas veces cómo a lo largo de mi vida he visto a los peores del país agitando con arrobo -henchidos los corazones, prietas las filas- la enseña rojigualda. 

Lean el artículo de Fernando Savater que les enlazo. Yo quise mucho a este señor, no me arrepiento, aún hay rescoldos de la admiración que llegué a entregarle por su coraje. Pero nada es incondicional, y no se puede aceptar un discurso tan venenoso, tan falaz y tan antidemocrático como éste, en el cual llama de forma más o menos eufemística cobardes a todos los que en este asunto -y supongo que en cualquier otro- no pensamos como él. (Insultar a los discrepantes se vende barato en las últimas semanas, desde que se inflamó al máximo el asunto catalán) 

Lean a continuación el del otro caballero, situado en la trinchera contraria, pero entregado a un discurso similar -ya se sabe que los extremos se tocan-: la izquierda española no se alinea decididamente con la secesión porque aún no ha entendido que España es la causa de todos los males y que los independentistas catalanes marcan la hoja de ruta de nuestra propia salvación. No comento más, es una argumentación demasiado cutre, pero si semejante sarta de gilipolleces le recuerdan a alguien a lo que escribe Savater es que el hombre que nos enseñó a Nietzsche y Cioran debería preocuparse. 

Abstemio, neutral, tibio... y por la misma cuesta descendente termina uno siendo cobarde, acomodaticio y cosas peores. El pequeño problema es que yo no soy neutral ni abstemio, simplemente no pienso darle la razón a quienes no la tienen, y ninguno de los dos autores que he linqueado la tienen porque su discurso, antes que anti o pro independencia, es profundamente antidemocrático. 

Miren, esto en realidad es sencillo. 

Yo no quiero que Catalunya se separe de España. Pero no soy idiota. Aunque sospecho que el porcentaje de catalanes que realmente desean la independencia es menor del que pretenden los defensores del "procés", es impresentable ignorar que las estadísticas demuestran que una mayoría arrolladora de catalanes desean un referéndum de autodeterminación, aunque sea para votar que no. Ya sé que no todo es voluntad popular mayoritaria y que no todo se soluciona organizando votaciones. Pero el imperio de la ley no es garantista si no admite la posibilidad de cambiar dicha ley cuando los derechos de personas y multitudes lo hacen exigible. Soy consciente de que un referéndum en Catalunya abre puertas peligrosas, pero habremos de prepararnos para un futuro en el que la unidad del Estado no sea incuestionable. Dice Rajoy que ser independentista es un derecho, pero si se arranca de raíz y sin debate posible la expectativa de que tal ideología pueda alguna vez traducirse en hechos, entonces ser independentista es un derecho tan intransitivo, vacío y estéril como ser partidario de que los templarios gobiernen el mundo o que las ranas críen pelo. 

No sé si me explico: no encuentro la manera legítima de decirle al ochenta por cien de catalanes que desean ser consultados que el referéndum no se va a hacer, ni éste ni ningún otro. A partir de ahí lo que yo sugeriría a todos los unionistas, entre los que me cuento, es que se preparen a trabajar para que gane el No. Ello no habrá de ser, por supuesto, en esta consulta del 1-O que, además de ilegal, es absolutamente tramposa y responde a una imposición hecha con especial mal estilo. Pero ¿y más adelante? No hablo de diez años, pienso en un periodo más corto y en un proceso con garantías similares al que se abrió en el Quebec o en Escocia. 

Claro que también podemos hacer como Rajoy y los demás patriotas no abstemios, decidir que las leyes no pueden cambiarse... excepto cuando le interese a la Troika o al IBEX 35, como ya se ha hecho.