Friday, July 28, 2017

DERECHO A TODO

Síntoma de salud democrática es la convicción de que los derechos tienden a extenderse. En ocasiones escucho la especie de que "hay demasiados derechos". La pronunció, por ejemplo, un compañero de trabajo para convencer a los demás docentes de que debíamos endurecer el trato hacia nuestros alumnos y echar mano de medidas de castigo con mucha más asiduidad: "los alumnos tienen demasiados derechos", nos espetó. Se equivocaba, y por eso duró poco en la profesión, confundía un instituto de enseñanza secundaria con un cuartel o con una cárcel. Que los alumnos gocen de derechos de los que, por cierto, yo no gocé en muchos casos, es el resultado de una larga batalla que no se ha acabado. Uno de esos derechos es el de recibir una clase de matemáticas en condiciones o el de no ser insultados, por eso el profesor debe apercibir o, si es necesario, sancionar a los alumnos que obstaculizan el desarrollo de la tarea académica o que acosan a sus compañeros. 

 Perdonen que me ponga tan pedagógico, pero cualquier ciudadano de bien entiende que cuando el ejercicio de un derecho conculca el de otros ciudadanos, entonces estamos ante un abuso. A mí me puede gustar el tabaco, pero no puedo fumar en un espacio y público porque destruyo el derecho de otros a no respirar mis humos. 

Últimamente tengo la sensación de que muchos ciudadanos creen que cualquier cosa que les apetezca debe reconocerse como un derecho, y a menudo llaman mojigato, aguafiestas o cosas peores a quienes nos negamos a aceptar que las bicis discurran por las aceras, que se monten bárbaros botellones de madrugada bajo mi casa o que perros peligrosos vayan sin correa ni bozal por donde yo paso con un niño pequeño. 

Lanzaré tres ejemplos para la reflexión, es más que nada por ganas de montar polémica, ya saben cómo soy. 

En un pueblo andaluz se ha celebrado una manifestación nudista contra una ordenanza del ayuntamiento que prohíbe a la gente ir como Dios la trajo al mundo por la playa que forma parte del núcleo urbano. No se engañen, yo voy en pelotas muy a menudo y como no me considero culpable por las gilipolleces que hizo Adán, no me avergüenzo en lo más mínimo de mi cuerpo ni me escandaliza ver las carnes de mis prójimos, sean guapos o feos, hombres o mujeres. Ahora bien, lo que no entiendo es el argumento con el cual las asociaciones afectadas protestan: el naturismo es una ideología, y la desnudez es la libre expresión de sus principios, luego proscribir el nudismo de una playa atenta contra la libertad de pensamiento. 

Pues miren, no, que el nudismo sea una ideología es algo bastante traído de los pelos, salvo que pensemos que cualquier cosa es una ideología. O si lo es, se me ocurre, pero en ese caso me pregunto si quienes tanto pelean por liberarnos de la tiranía del atuendo no ganarían crédito a mis ojos si sus ansias reivindicativas se dirigieran contra la precariedad laboral, la violencia contra la mujer o la pobreza infantil. No voy a denunciar a nadie que vaya en pelotas por la playa, ni siquiera -me pasó una vez- si anda sin atavío alguno por el centro de una gran urbe. Pero si el ayuntamiento de una localidad, que representa la voluntad popular, decide que hay unos mínimos de respeto cívico, hay que entender que no es un tema de mojigatería y mucho menos de ataque a la libertad ideológica. De igual manera que un alumno no entra en mi aula con una gorra, tampoco aceptaría que entrase desnudo; de igual manera que me parece aceptable e incluso saludable que dos alumnos se besen, no vería con buenos ojos que se pusiesen a follar en medio del pasillo. Lo que no intento decir es que no todo es aceptable, y eso tiene que ver con muchos aspectos de la convivencia más trascendentes que la ropa, pero también con ella. 

Segundo caso, me sorprende mucho el consenso que advierto respecto a los "hoteles para adultos". De igual manera que no hay bares para fumadores porque entonces casi todos los bares se acogerían a esa posibilidad, convirtiendo los bares libres de humos en lo que eran antes de la ley antitabaco, es decir, una excepción, temo que los hoteles sin niños podrían proliferar tanto que lo raro fuera encontrar uno al que yo pudiera acudir acompañado de mi vástago. 

Esta sólo es una hipótesis, pero no lo es la evidencia de que la Constitución evita discriminar a las personas, y no veo por qué vetar a los niños en un lugar público -y un hotel lo es, aunque su titularidad como negocio sea privada- es distinto de poner hoteles sin negros, sin disminuidos psíquicos o sin transexuales. Ya puestos, y en aras de la "segmentación" o "diversificación de oferta" que plantean ciertos empresarios hoteleros que defienden esta medida, podrían montar hoteles sin mujeres, que ya se sabe que emplean demasiado tiempo en asearse y sobreocupan los cuartos de baño, sin madrileños, que son prepotentes, o sin Testigos de Jehovà, que son unos pelmazos. 

Lo que intento decir con estas gansadas es que en un hotel hay unas normas, y que si yo las cumplo, aunque vaya con niños, debo tener el derecho a que se me permita usar sus servicios. Por cierto, algunos adultos sin críos deberían haber sido echados a patadas de establecimientos en los que he estado con mi vástago... No sé si me estoy explicando. 

Acabo ya y les dejo en paz. La Consellera de Sanitat de la Comunitat Valenciana se ha negado a reconocer el carácter clínico de la homeopatía y de otras prácticas "pseudo-científicas" como la hipnoterapia, la acupuntura, la medicina ayurvédica, el chi-kung, el yoga, la reflexología, el shiatsu, la fitoterapia, el reiki...

No es mi objetivo debatir el poder terapéutico de toda una larga serie de prácticas ajenas a la llamada "medicina convencional" o "alopática", ni siquiera creo que lo sea de la señora Montón, aunque seguro que la consideración de que todas estas especialidades no han demostrado su eficacia encuentra encendidas hostilidades. Lo que pretende la consellera es contestar a la demanda de quienes pretenden incluir ciertos productos y prácticas dentro del programa y la financiación de los hospitales públicos. 

Citaré a un amigo médico, Fran: cuando algún paciente le dice que está siguiendo tal o cual tratamiento ajeno a la práctica convencional que un médico común lleva a cabo diariamente, él les pregunta si les está sentado bien, si les ayuda... Si el paciente contesta que sí, Fran ya no añade nada más: "siga con ella entonces, pero no se olvide del tratamiento que yo le he dado". Hay mucho que decir sobre el funcionamiento de los hospitales, sobre las guardias infernales que se come Fran o sobre la competencia de algunos profesionales. Pero esa es otra historia. Si la medicina alopática es un servicio público no es porque haya una conspiración de oscuras élites para impedir que prosperen el reiki o el curanderismo, sino porque desde Galileo y Newton resulta que los niños ya no se nos mueren como moscas ni somos ancianos moribundos con cuarenta años, como sucedía cuando la única medicina era homeopática. 

Practico taichi y meditación, artes milenarios y en cuyo poder terapéutico para mi complicado sistema nervioso creo firmemente. Pero, qué quieren, no aspiro a que me los pague la ciudadanía. Por otro lado, si he de tener un ataque de apendicitis, cosa bastante desagradable en cualquier caso, prefiero tenerlo en 2017 que en en el siglo XV. 

Feliz canícula, les quiero. 

Friday, July 21, 2017

ÚLTIMAMENTE ME PREGUNTO SI HAN DECIDIDO EXTERMINARNOS



1. Omar Little, uno de los personajes más fascinantes y contradictorios en la historia de la teleficción, vive en una ciudad repleta de hampones que pasan las cinco temporadas de la magnífica The wire intentando liquidarle. Parece imposible sumar tantos enemigos peligrosos y salir vivo de tantos atentados contra su vida. Al final -viene un espoiler- Omar muere por el disparo de un niño al que nunca habíamos visto antes y del que ni siquiera sabemos si tiene algún motivo para hacerlo. Es en apariencia una muerte ridícula para un héroe de tan colosales dimensiones, y, sin embargo, cuando ocurre lo entendemos: de alguna inexplicable manera hay un destino irónico que se ríe de nosotros mientras Omar Little agoniza. 

Me asalta esa imagen cuando pienso que a lo mejor quienes terminan por exterminarnos a todos son Trump y Kim Jong-un. Hemos hecho Santa Sofía de Estambul, las pirámides o la democracia, merecemos algo mejor, pienso, pero luego me acuerdo del niño de Omar, y creo que nuestra hipotética extinción a cargo de estos dos niñatos tendría algo sarcástico.  

2. Mi ex-alumno y sin embargo amigo Enrique Ferri anda algo afligido estos días por la muerte de George A.Romero, mítico director de películas de terror y con los zombis como protagonistas estelares. El encanto irresistible de su primer film, "La noche de los muertos vivientes", de 1968, tiene que ver con lo exiguo de sus medios. Apenas máscaras ni cuerpos deshechos, sin vísceras ni apenas gruñidos... sólo ropas de mortaja y ese caminar lento de la maloliente tropa que se acerca para devorarnos. Es pueril, sí, pero lo prefiero al circo de efectos especiales que convierte tantas películas posteriores en un carrusel de sustos y trucos tecnológicos.

3. Se debe leer "Patria", de Fernando Aramburu, sin duda. Hay un pasaje que me conmueve, pero en él no hay lágrimas ni asesinatos ni familias enfrentadas. Dos etarras se ven obligados a pasar una noche al raso en el Monte Igueldo de Donostia para eludir un posible registro policial en el piso que alquilan. Desde lo alto divisan la ciudad en su Semana Grande... los ciudadanos vascos divirtiéndose y poteando despreocupadamente mientras ellos están allá, pasando frío y miedo, cargados a la espalda con la misión de salvarles. El desasosiego que les asalta hace que, al menos por un momento, nos sintamos menos lejos de ellos.   

4. Soy muy de Martin Landau, fallecido en estos días. Me atrae ese joven y malhumorado esbirro fiel del gran James Mason en "Con la muerte en los talones", aunque mi recuerdo más antiguo es el de su papel protagonista en la serie Espacio 1999, que me encantaba. Su imagen se agranda con el papel del médico Judá en "Delitos y faltas", obra maestra de Woody Allen, y se hace gigante con su papel de un Bela Lugosi anciano y devastado en el mejor film que ha rodado -y rodará- Tim Burton: "Ed Wood". 

5. Las encuestas en Barcelona acreditan que hoy el mayor problema para los habitantes de la Ciudad Condal es el turismo descontrolado. "Ustedes nos molestan, váyanse", parecen estar diciéndoles los miles y miles de turistas que visitan la ciudad. Paradójicamente, es esa ciudadanía acosada la que ha hecho históricamente grande a las urbes que ahora son masivamente visitadas precisamente para admirar esa grandeza. Una ciudad gentrificada y entregada a la depredación de enormes cruceros y legiones de autobuses, una ciudad sin verdaderos habitantes... es una terrible distopía, pero parece ser la dirección que llevan las grandes villas de Europa, esa península de Asia amenazada con convertirse en un enorme museo lleno de fetiches sin vida. 

6. La Academia de la Lengua Española admite el imperativo "Iros", parece que gracias a los esfuerzos del simpar Pérez Reverte. Mi vástago dice "cantad" o "jugad" porque su madre y yo se lo hemos enseñado. Tiempos difíciles para ser padre o maestro cuando uno es desautorizado incluso por los doctos. 

7. Me repugna todo lo que tiene que ver con Blesa y algunos de su especie. Pero reconozcámosle un último indicio de elegancia. Fingió durante días, acaso semanas, encontrarse en plena forma, interrumpió una banal tertulia para salir con una excusa cualquiera y se alejó lo suficiente para matarse sin grandes aspavientos. 

8. Amo el fútbol, o para ser más exacto, amo el recuerdo de lo que el fútbol hizo por mí cuando era niño. Y saber, sin embargo, que los palcos de los grandes estadios del mundo son ocupados por muchos de los peores indeseables de la Tierra.  


Saturday, July 15, 2017

ESTIVALIDADES

1. Adorno estaba cargado de todas las razones imaginables para preguntar si tenemos derecho a seguir escribiendo poemas después de Auschwitz. Pero la poesía es también testimonio del horror. No le concedamos a los asesinos la victoria de callarnos. Aunque, bien pensado, incluso la determinación de guardar silencio contiene algo poético. 

2. ¿No les parece que la gente cada día es más maleducada? Una profesora, extrañamente contumaz en el empeño de no contestar al preceptivo saludo matutino, explicó que los hábitos corteses le sonaban a hipocresía. La educación que mis padres pagaron me impidió enviar a la mierda a semejante gilipollas. 

3. Mientras tomo mi primer baño del verano en la playa mi cabeza es insistentemente asaltada por una canción de una vieja comedia del desarrollismo español de los sesenta: 

"El mar está fresquíribis, fresquíribis, fresquíribis
y da mucho gustíbiris, gustíbiris, gustíbiris, nadar, 
si se sabe el truquíribis, truquíribis, truquíribis, 
el truco tan sencillo de flotar."

... Y después pretendo que la culpa de todo la tenga el Gobierno. Hay que joderse. 

4. Algunas personas no nos quieren. Nos gusta pensar que no nos entienden, pero a lo mejor es que han descubierto la naturaleza de nuestro juego, o sea, que nos entienden demasiado bien. 

5. No me acabo de reconocer cuando me miro en el espejo. No sé explicarlo y seguramente no van a entenderme, pero es esta la razón por la que creo, erróneamente, que quienes me quieren no lo hacen por aquello por lo que "merezco" ser querido. Este razonamiento vale exactamente igual para quienes me detestan. 

6. Inger Enkvist, una antigua asesora para educación del Gobierno de Suecia afirma que hay que recuperar la disciplina y la autoridad en la escuela. Por fortuna la gente como Enkvist -he conocido así a millares en mi vida- va desapareciendo de las aulas. Lo advirtió el viejo Kant en "¿Qué es la ilustración?", un breve escrito en el que se explica con inigualable claridad el desafío que supone atreverse a ser modernos. "Es incómodo" -dijo- "vivir emancipados. Con cada traspiés que suframos no faltarán quienes nos recuerden que hubiera sido más cómodo no intentarlo". La libertad es el mayor don que nos han legado los dioses, no es extraño que tenga tantos enemigos. 
  

Sunday, July 09, 2017

CONTRACUMBRE DE HAMBURGO

Paso últimamente una hora diaria en las gradas de una piscina cubierta donde mi vástago aprende a nadar. Hace demasiado calor, pero la mayoría de los críos parecen inmensamente felices en el agua. Es una piscina pública, la financia el Ayuntamiento, es decir, el conjunto de la ciudadanía de la localidad en cuestión. Mi vástago conversa animosamente con sus compañeros, algunos de ellos niñas o niños pakistaníes o africanos. La mayoría de estos niños provienen de familias poco pudientes... creo que no somos capaces de imaginar hasta qué punto infraestructuras como una piscina pública generan cohesión social y ayudan a que los jóvenes no se desorienten.

Mientras observo el entusiasmo con que los jóvenes profes -alguno es, por cierto, ex alumno mío del Instituto- les dan instrucciones para desenvolverse en el agua, pienso en que lo único que puedo entresacar de la Cumbre del G20 en Hamburgo es que todo el mundo le tiene miedo a ese gran macho alfa que es Trump, que Gran Bretaña es vocacionalmente una traidora a Europa y que los ricos del mundo presionan a los gobernantes para que les ayuden a aumentar sus ganancias si quieren que les sigan financiando sus partidos políticos y les garanticen el dulce futuro que les espera tras la puerta giratoria. Es posible que mi versión de la reunión en cuestión sea demagógica y simplista, llámenme lo que quieran, pero lo que no van a poder llamarme es ingenuo, los países más poderosos no se han reunido en Hamburgo para defender las libertades, sino para proteger el capitalismo corporativo que se ha convertido en la lógica que atraviesa la globalización.

Todo lo demás es la supuesta violencia de la Contracumbre. Pues miren, no me lo creo. Faltan noticias, pero como he estudiado la evolución histórica de las Contracumbres desde Seattle 99, tengo la sospecha de que las cosas no están siendo muy distintas. 

A ver, sin duda han acudido los Black Blok, grupo de supuestos anarquistas que visten de negro y consideran que quemar contenedores y provocar enfrentamientos duros con la policía es la manera de conseguir publicidad para el evento. Son una pequeña parte del heterodoxo y amplísimo maremagnun de grupos izquierdistas, anticapitalistas, feministas, pro-gays, ecologistas, indigenistas que se reúnen para manifestarse de forma pacífica y creativa con dos objetivos esenciales:

1. Hacer ver a la ciudadanía mundial que en el G20 los amos del mundo van a decidir qué hacer con nosotros, por lo que mejor haríamos haciendo caso de sus reuniones. 
2. Llamar la atención de la gente sobre los problemas que realmente aquejan al planeta y que amenazan seriamente con destruirnos o, cuanto menos, con generar tales niveles de desigualdad que corremos el riesgo de convertir nuestro mundo en un lugar inhabitable. 

Bueno, quizá todos estos grupos -a veces peleados entre ellos- sean un hatajo de hippies histéricos, pero yo de ustedes pegaría una miradita a la web del Foro Social Mundial, auténtico artífice de todas estas contracumbres. Díganme después si creen que el programa de temas que vienen llevando a cabo durante el 2017 les parecen insignificantes: 

-Evolución de los modelos de empresa hacia la empresa integrada o cooperativa.
-Abuso infantil. 
-Resistencia civil y revolución no violenta.
-La renta básica internacional.
-Auditoría ciudadana de la deuda sanitaria.
-Cuidado y salud mental de la población. 
-Decrecimiento y sostenibilidad.
-Sobretasaciones y estafa bancaria. 
-Laicidad y democracia. 
-Disponer de la propia vida: eutanasia. 
-Paro y precariedad. 
-Feminización de la pobreza

Este es un breve extracto de las actividades del Foro Social Mundial en su delegación madrileña, todas ellas dirigidas por gente que parece muy preparada a tenor de su currículum. Es esta gente la que se manifiesta en estas horas en Hamburgo. ¿Se puede ser más irresponsable? 

Friday, June 30, 2017

LAS RAZONES DEL ORGULLO



Recuerdo hace casi veinte años una fiesta nocturna en Ciutat Vella de València... actuaba en la calle el delirante MacNamara. Apareció un chico monísimo, delicado, tatuado, alegremente maquillado y perfumado... Nunca he conseguido que los cuerpos masculinos activen mi libido -lo que sospecho que es una pérdida lamentable-, pero como soy un vicioso de la observación de conductas, me fijé en una pareja gay veterana... Eran serios, adustos, dos hombres juntos con muchos inviernos de batallas que miraban atentamente al joven con una misteriosa mezcla de distancia generacional y admiración. Estoy seguro de que aquellos dos señores no se avergonzaban de lo que eran, pero había un gran salto entre ellos y el joven: él jamás había tenido que esconderse.

Lo que aquella pareja gay y yo estábamos advirtiendo aquella noche es que el mundo cambia a una velocidad que desborda las conciencias, hasta el punto de obligarnos a revisar nuestras propias biografías. Intentemos que el vértigo de los tiempos no nos desoriente demasiado.

Cuando yo era crío, en el odioso colegio religioso sólo para varones en que me maleducaron lo peor que te podía pasar era ser maricón. Cierto incidente muy poco morboso en un lavabo donde Amigó y yo nos escondimos para esquivar al profe de Dibujo -que por cierto era gay-, proyectó cierta sombra de duda sobre nuestras inclinaciones sexuales y la naturaleza de la relación amistosa entre Amigó y yo, de manera que me vi obligado a silenciar los rumores a golpe de fútbol y alguna reyerta a la salida del cole.

Afuera las cosas no eran muy distintas. La Brigada Social del Régimen detenía a los maricas por escándalo público y era común que les inflaran a hostias impunemente.

Sería ridículo negar la evidencia de que las cosas han cambiado. Es la pura normalidad democrática la que deslegitima cotidianamente prácticas intolerables en una sociedad de derecho como la de discriminar a las personas por sus preferencias sexuales. Pese a que tales prácticas continúan siendo habituales en nosotros, empieza a quedarse en fuera de juego muy a menudo el que las apoya. De alguna forma ya "no está de moda" decir -como dijo José María Aznar- que a uno le gusta la "mujer-mujer" o aquella majadería de su señora esposa sobre peras y manzanas. El patriarcado no está en quiebra, pero ya no es omnipotente e incuestionable. Hoy ser gay o ser mujer es menos arriesgado que serlo hace cuarenta años... y eso es un progreso social. Una cosa es que quede mucho por hacer y otra es que no se haya avanzado. Y, por cierto, aunque suelen ser políticos los que se apuntan los tantos, son las multitudes que estos días se manifiestan las que han conseguido crear el tejido jurídico que ha mejorado la situación de las mujeres, los homosexuales, los transexuales...

En fin, quizá todo esto sean obviedades... A veces es bueno ser muy didáctico, porque, por increíble que parezca, vamos a seguir teniendo homosexuales acosados en la escuela, alcaldes del PP que dicen no soportar a los "palomos cojos" y gilipollas que van por el mundo creyendo poder decidir cómo hemos de ser en la vida incluso antes de haber nacido.

Pero precisamente por esto último permítanme hacer una apostilla. Este año murió uno de los artistas más geniales que he conocido, David Bowie. Hay algo en ese mundo del transformismo y la ambigüedad, en ese juego de reinvención de la identidad y el género, que apunta a cuestiones filosóficamente muy relevantes. Decía Foucault que el dandismo designaba la condición esencial de la modernidad. El dandy o, en francés, el flaneur -que él personifica en Baudelaire- es la permanente recreación de la propia identidad. Ya no soy, como en las sociedades gentiles, un ser hecho de una vez por todas que sólo remite a la inamovible estirpe de la que proviene, soy una insistente autoconstrucción, un juego de posiciones de sujeto que el entorno social nunca acaba de definir del todo.

Me interesa esa incitación a la confusión porque me desasosiega y me hace pensar. ¿Soy heterosexual? O mejor, ¿soy quien la conveniencia social ha determinado que yo sea? Filosofía es pensamiento y pensamiento es interrogación. Que mal rayo le parta -como decía el Titi- a quien sólo busque certezas.   


Saturday, June 24, 2017

JUNG Y EL MOSQUITO TIGRE

Sostiene la creencia común que Carl G.Jung, fundador de la rama más influyente del psicoanálisis, empezó a enloquecer cuando le dio por profundizar en el ocultismo. Esto no es del todo cierto, es verdad que se volvió loco, pero siempre estuvo interesado en el esoterismo y las ciencias oscuras. No derivó desde el rigor de la psiquiatría terapéutica hacia lo que ahora llamamos paraciencias, más bien los estudios sobre el inconsciente, como los que dedicó durante tantos años a la mitología, la antropología cultural o las religiones, constituyeron su programa de acercamiento a lo subterráneo. En otras palabras, Jung se sirvió de los métodos aprendidos de Freud para investigar las enfermedades mentales porque desde su juventud le obsesionaba lo paranormal. 

Una de las teorías que se asocian al Jung más surreal y delirante es la de las coincidencias significativas. Creyó que existía algo así como un gran espíritu -psique preexistente- que da forma a la materia. Esa psique produce "sincronismos", es decir, coincidencias misteriosas cuya misión es atraer nuestra atención con distintas finalidades. Quizá, admitía el propio Jung a modo de hipótesis alternativa, era el inconsciente el que, de alguna manera inexplicable, desencadenaba ese tipo de acontecimientos con idéntica función. 


A mí con estos asuntos me pasa como a los gallegos con las brujas, que no creo en ellas, pero que haberlas, haylas. Vean sino los extraños sucesos que me sobrevinieron el pasado lunes. 

Mi amigo Manolo vive en Granada, de manera que nos vemos poco. Vino a visitarme, habíamos quedado a las 13 horas en punto en mi domicilio. Llegué tarde y, por un malentendido con la persona con la que vivo, el pobre de Manolo hubo de esperar tres cuartos de hora. Cuando llegué y entendí la situación me disculpé por la confusión, lamentando haberle hecho esperar. Andaba el hombre algo cariacontecido, su mañana estaba siendo algo agitada e infortunada, al contrario que la mía, que venía resultando más bien plácida. 

En casa me relató sus pesares. Por la mañana había pedido una tostada por la cual le cobraron cuatro euros, lo cual juzgó como escandaloso: "jamás una tostada me ha costado cuatro euros", le dijo al camarero. La tostada llevaba incorporado un trozo de jamón -"jamón de bellota", dijo el camarero, cosa que era falsa-, de ahí su precio. A mí no me sorprendió la circunstancia, no vivo en Granada, donde el régimen de bares es una delicia, sino en Valencia, donde cualquier gaznápiro con ínfulas se atreve a montar un bar y por una ensaladilla de Frudesa y una cerveza que arrastra sabor a lavavajillas te pide un potosí. Todo lo que Manolo tiene de enemigo de la violencia lo tiene de contumaz, de manera que ahí se tiró como una hora solicitando la presencia del encargado, la carta y el libro de reclamaciones. Acabó dirigiéndose a la OCU con la correspondiente denuncia, pero un señor le envió a la antigua sede de la organización, obviamente ya no operativa, de manera que, como se le hacía tarde, optó por rendirse en su noble batalla. 


Al llegar a mi calle, y dado que yo no aparecía y a él últimamente le ha dado por hacer fotos a cualquier cosa, se puso a deambular con su llamativa cámara al cuello, retratando ese tipo de cosas que a ningún turista se le ocurre fotografiar. Una señora que vive en mi finca y a la que considero más pesada que una vaca en brazos le miró varias veces desde el balcón con evidente desconfianza. A los pocos minutos de su última aparición se acercaron a Manolo dos agentes de policía que le conminaron a identificarse. Tras las explicaciones de Manolo, que les convencieron de que no es un terrorista árabe, justificaron su alarma "por la psicosis que últimamente tiene la gente con esto de las bombas y los camiones, yaveusté y patatín y patatán". 

Por la tarde, tras la comida, nos despedimos en la parada del metro donde a él le convino bajar. Nos dimos la mano afectuosamente y... me veo en condiciones de garantizarles que en ese momento Manolo se desproveyó del mal karma que arrastraba y me lo transmitió. 

Acudí a una reunión de profesores de Filosofía en la Universidad. Las noticias fueron todas de principio a fin nefastas. Abandoné el lugar antes de hora para irme a hacer tai-chi, convencido de que si me quedaba hasta el final caerían más desgracias. Pero no fue una buena decisión, porque el mal fario no estaba en el lugar, sino que venía conmigo. 


Me dirigí al parque donde había quedado con el grupo de tai-chi cuando, al salir del metro, experimenté una sensación que no voy a olvidar mientras viva. Mi enérgico caminar fue detenido porque, de súbito, la tierra se me tragó. Sí, como se lo digo, el suelo cedió bajo mis pies y vi un abismo negro e inmenso que por un instante me hizo recordar aquella amenaza escolar de que si te hacías pajas irías al infierno. Reaccione y comprobé, ufano, que no solo no estaba muerto sino que apenas me había hecho un rasguño en la pierna, único miembro que de verdad llegó a hundirse en la sima. Resulta que la tapa de la alcantarilla estaba suelta y yo la chafé, de ahí el accidente. Cumplí con mi deber de ciudadano dando parte en el Ayuntamiento de la localidad, el cual no ha cumplido el suyo porque, días después, la tapa sigue suelta, supongo que a la espera de que alguien con más mala suerte que yo se rompa la cadera y decida denunciar al consistorio en cuestión y sacarle hasta los higadillos, cosa que se tendrán bien merecida. 

Llegué a Tai-Chi. No lo pasé bien porque el parque estaba infestado de mosquitos tigre. Tres días después mis piernas siguen hechas un cristo y he tenido que ponerme cortisona porque los mosquitos tigre tienen una mala hostia que flipas. 


No me consta que Manolo haya sufrido ningún mal encuentro desde que nos despedimos en el metro. Yo, por contra, sigo rabiando por las noches con las picaduras. Sé que ustedes me quieren, pero es mejor que si se encuentran conmigo no me den la mano, les puede pasar de todo.    

Tuesday, June 20, 2017

JUAN GOYTISOLO, EL BUEN TRAIDOR

He esperado ya demasiado desde el 4 de junio, quería saber qué reacciones desataba el fallecimiento de Juan Goytisolo. Pocas, eso de entrada. Odio a Franco y odio sobre todo el franquismo, casi tanto como los odio Juan, pero reconozco que al menos el Régimen tuvo la gentileza de valorar al creador de Álvaro Mendiola y estigmatizarlo, presentándolo como demonio que se dedicaba desde los cenáculos parisinos de putas y maricones a alentar la confusión, renegar de las verdades institucionalizadas y predicar la heterodoxia. Prohibieron sus obras en el 63... Hicieron bien, decía cosas sobre nosotros, los españoles, sobre quiénes somos y de dónde venimos que podían desasosegarnos. 


En los años de la ventolera que hizo saber a muchos que no éramos la reserva espiritual de Occidente, mi padre pedía con entusiasmo sus novelas en la trastienda de la librería Dávila, y sabía que sólo con eso ya llevaba a cabo un acto de insurgencia. No sé si llegó a leer muchos de ellos, todos sabemos que las novelas de Juan Goytisolo son deliberadamente problemáticas, pero en mi memoria han quedado grabados para siempre aquellos lomos de "Don Julián" o "Juan Sin Tierra". Tras la niñez me armé de valor para leer algunas de sus novelas emblemáticas... con "Makbara" no llegué a atreverme. Como por lo visto era mi destino, terminé enamorándome del escritor, pero más bien de su vertiente ensayística. "España y los españoles" me deslumbró, "Coto vedado" llegó a a hacerme pensar que todas las demás autobiografías que había leído en mi vida eran deshonestas.

Leo en estos días intervenciones en El País, periódico del cual vivía el viejo enfermo de Marrakesh y que es el único gran diario nacional que, sin profusión ni entusiasmo, se ha atrevido a insinuarnos que a un hombre tan grande no se le entierra en silencio. Otro diario -prefiero no nombrarlo- dedicó el pasado fin de semana dos páginas a ilustrarnos sobre las "zonas oscuras" de Goytisolo y su supuesta inclinación a buscar sexo con hombres en espacios lóbregos y circunstancias dudosas. 

En otras palabras, lo que en ese diario de derechas que publica anuncios de prostitución -incluidos los travestis- les pareció más relevante para sus lectores respecto al Premio Cervantes es que era maricón. No sé de qué manera puedo hacer entender a los jóvenes por qué muchos amábamos al hombre que ha muerto, por qué pensamos que es el intelectual más grande que hemos tenido desde hace más de medio siglo. 

Juan Goytisolo fue un traidor, un leal traidor, un don Julián que optó por cruzar la Tierra de Nadie y sustituyó el discurso monolítico para poder ser libre y habitar el laberinto de la heterodoxia y de la paradoja. Esa toma de distancia le ayudó a verse a sí mismo, y en ese yo vio al Otro. Se dio cuenta de que su imagen en el espejo estaba hecha añicos y se empeñó en vivir entre sus pedazos, pecios medio podridos del naufragio de una identidad que fue una impostura desde el principio. 

Descubrió que toda la historia que le habían contado y en cuyas certezas siempre se sintió a contrapelo era mentira, la Gran Mentira, decía. Lo empezó a descubrir en Almería, el lugar donde intuyó ser un hombre condenado al fracaso, pues sus afinidades habrían de ser siempre remotas. El desierto y su subdesarrollo se le presentaban como un paisaje humano y, por tanto, ético. Encontró su continuación más hacia el sur, en el norte de África, y acabó viviendo en Marrakesh, donde supo que, a pesar del esfuerzo de siglos por desconectar a España del mundo árabe, se encontraba aquello que ya vio de joven en los intensos años del exilio parisino. Nada había querido saber del París monumental y burgués de cartón-piedra, su Ciudad Luz era la abigarrada, heterogénea y apátrida de los barrios, esas medinas interraciales, donde el contacto con la vida real aún era posible. 

No, España no es lo que nos dijeron, y la Dictadura -es mejor que lo asumamos- no es un minuetto necesario para alcanzar la modernidad. Hemos perdido la oportunidad histórica de saber quiénes somos... y lo hemos pagado caro. 

En los últimos años Juan Goytisolo trabajó intensamente por apoyar la causa modernizadora de los países árabes. Vio con buenos ojos la primavera árabe y trató de dar las razones que los ajenos a ese mundo no saben dar para explicar por qué es tan nefasta la extensión del yihadismo y por qué la política geoestratégica de los EEUU no hacen sino fortalecer la simpatía hacia el fundamentalismo radical. 

El mismo día en que murió Juan Goytisolo los telediarios se ocupaban del fallecimiento de un diseñador de modas, por lo visto un gran "influencer". 

Goytisolo fue siempre inoportuno... hasta para morirse.