Saturday, June 24, 2017

JUNG Y EL MOSQUITO TIGRE

Sostiene la creencia común que Carl G.Jung, fundador de la rama más influyente del psicoanálisis, empezó a enloquecer cuando le dio por profundizar en el ocultismo. Esto no es del todo cierto, es verdad que se volvió loco, pero siempre estuvo interesado en el esoterismo y las ciencias oscuras. No derivó desde el rigor de la psiquiatría terapéutica hacia lo que ahora llamamos paraciencias, más bien los estudios sobre el inconsciente, como los que dedicó durante tantos años a la mitología, la antropología cultural o las religiones, constituyeron su programa de acercamiento a lo subterráneo. En otras palabras, Jung se sirvió de los métodos aprendidos de Freud para investigar las enfermedades mentales porque desde su juventud le obsesionaba lo paranormal. 

Una de las teorías que se asocian al Jung más surreal y delirante es la de las coincidencias significativas. Creyó que existía algo así como un gran espíritu -psique preexistente- que da forma a la materia. Esa psique produce "sincronismos", es decir, coincidencias misteriosas cuya misión es atraer nuestra atención con distintas finalidades. Quizá, admitía el propio Jung a modo de hipótesis alternativa, era el inconsciente el que, de alguna manera inexplicable, desencadenaba ese tipo de acontecimientos con idéntica función. 


A mí con estos asuntos me pasa como a los gallegos con las brujas, que no creo en ellas, pero que haberlas, haylas. Vean sino los extraños sucesos que me sobrevinieron el pasado lunes. 

Mi amigo Manolo vive en Granada, de manera que nos vemos poco. Vino a visitarme, habíamos quedado a las 13 horas en punto en mi domicilio. Llegué tarde y, por un malentendido con la persona con la que vivo, el pobre de Manolo hubo de esperar tres cuartos de hora. Cuando llegué y entendí la situación me disculpé por la confusión, lamentando haberle hecho esperar. Andaba el hombre algo cariacontecido, su mañana estaba siendo algo agitada e infortunada, al contrario que la mía, que venía resultando más bien plácida. 

En casa me relató sus pesares. Por la mañana había pedido una tostada por la cual le cobraron cuatro euros, lo cual juzgó como escandaloso: "jamás una tostada me ha costado cuatro euros", le dijo al camarero. La tostada llevaba incorporado un trozo de jamón -"jamón de bellota", dijo el camarero, cosa que era falsa-, de ahí su precio. A mí no me sorprendió la circunstancia, no vivo en Granada, donde el régimen de bares es una delicia, sino en Valencia, donde cualquier gaznápiro con ínfulas se atreve a montar un bar y por una ensaladilla de Frudesa y una cerveza que arrastra sabor a lavavajillas te pide un potosí. Todo lo que Manolo tiene de enemigo de la violencia lo tiene de contumaz, de manera que ahí se tiró como una hora solicitando la presencia del encargado, la carta y el libro de reclamaciones. Acabó dirigiéndose a la OCU con la correspondiente denuncia, pero un señor le envió a la antigua sede de la organización, obviamente ya no operativa, de manera que, como se le hacía tarde, optó por rendirse en su noble batalla. 


Al llegar a mi calle, y dado que yo no aparecía y a él últimamente le ha dado por hacer fotos a cualquier cosa, se puso a deambular con su llamativa cámara al cuello, retratando ese tipo de cosas que a ningún turista se le ocurre fotografiar. Una señora que vive en mi finca y a la que considero más pesada que una vaca en brazos le miró varias veces desde el balcón con evidente desconfianza. A los pocos minutos de su última aparición se acercaron a Manolo dos agentes de policía que le conminaron a identificarse. Tras las explicaciones de Manolo, que les convencieron de que no es un terrorista árabe, justificaron su alarma "por la psicosis que últimamente tiene la gente con esto de las bombas y los camiones, yaveusté y patatín y patatán". 

Por la tarde, tras la comida, nos despedimos en la parada del metro donde a él le convino bajar. Nos dimos la mano afectuosamente y... me veo en condiciones de garantizarles que en ese momento Manolo se desproveyó del mal karma que arrastraba y me lo transmitió. 

Acudí a una reunión de profesores de Filosofía en la Universidad. Las noticias fueron todas de principio a fin nefastas. Abandoné el lugar antes de hora para irme a hacer tai-chi, convencido de que si me quedaba hasta el final caerían más desgracias. Pero no fue una buena decisión, porque el mal fario no estaba en el lugar, sino que venía conmigo. 


Me dirigí al parque donde había quedado con el grupo de tai-chi cuando, al salir del metro, experimenté una sensación que no voy a olvidar mientras viva. Mi enérgico caminar fue detenido porque, de súbito, la tierra se me tragó. Sí, como se lo digo, el suelo cedió bajo mis pies y vi un abismo negro e inmenso que por un instante me hizo recordar aquella amenaza escolar de que si te hacías pajas irías al infierno. Reaccione y comprobé, ufano, que no solo no estaba muerto sino que apenas me había hecho un rasguño en la pierna, único miembro que de verdad llegó a hundirse en la sima. Resulta que la tapa de la alcantarilla estaba suelta y yo la chafé, de ahí el accidente. Cumplí con mi deber de ciudadano dando parte en el Ayuntamiento de la localidad, el cual no ha cumplido el suyo porque, días después, la tapa sigue suelta, supongo que a la espera de que alguien con más mala suerte que yo se rompa la cadera y decida denunciar al consistorio en cuestión y sacarle hasta los higadillos, cosa que se tendrán bien merecida. 

Llegué a Tai-Chi. No lo pasé bien porque el parque estaba infestado de mosquitos tigre. Tres días después mis piernas siguen hechas un cristo y he tenido que ponerme cortisona porque los mosquitos tigre tienen una mala hostia que flipas. 


No me consta que Manolo haya sufrido ningún mal encuentro desde que nos despedimos en el metro. Yo, por contra, sigo rabiando por las noches con las picaduras. Sé que ustedes me quieren, pero es mejor que si se encuentran conmigo no me den la mano, les puede pasar de todo.    

Tuesday, June 20, 2017

JUAN GOYTISOLO, EL BUEN TRAIDOR

He esperado ya demasiado desde el 4 de junio, quería saber qué reacciones desataba el fallecimiento de Juan Goytisolo. Pocas, eso de entrada. Odio a Franco y odio sobre todo el franquismo, casi tanto como los odio Juan, pero reconozco que al menos el Régimen tuvo la gentileza de valorar al creador de Álvaro Mendiola y estigmatizarlo, presentándolo como demonio que se dedicaba desde los cenáculos parisinos de putas y maricones a alentar la confusión, renegar de las verdades institucionalizadas y predicar la heterodoxia. Prohibieron sus obras en el 63... Hicieron bien, decía cosas sobre nosotros, los españoles, sobre quiénes somos y de dónde venimos que podían desasosegarnos. 


En los años de la ventolera que hizo saber a muchos que no éramos la reserva espiritual de Occidente, mi padre pedía con entusiasmo sus novelas en la trastienda de la librería Dávila, y sabía que sólo con eso ya llevaba a cabo un acto de insurgencia. No sé si llegó a leer muchos de ellos, todos sabemos que las novelas de Juan Goytisolo son deliberadamente problemáticas, pero en mi memoria han quedado grabados para siempre aquellos lomos de "Don Julián" o "Juan Sin Tierra". Tras la niñez me armé de valor para leer algunas de sus novelas emblemáticas... con "Makbara" no llegué a atreverme. Como por lo visto era mi destino, terminé enamorándome del escritor, pero más bien de su vertiente ensayística. "España y los españoles" me deslumbró, "Coto vedado" llegó a a hacerme pensar que todas las demás autobiografías que había leído en mi vida eran deshonestas.

Leo en estos días intervenciones en El País, periódico del cual vivía el viejo enfermo de Marrakesh y que es el único gran diario nacional que, sin profusión ni entusiasmo, se ha atrevido a insinuarnos que a un hombre tan grande no se le entierra en silencio. Otro diario -prefiero no nombrarlo- dedicó el pasado fin de semana dos páginas a ilustrarnos sobre las "zonas oscuras" de Goytisolo y su supuesta inclinación a buscar sexo con hombres en espacios lóbregos y circunstancias dudosas. 

En otras palabras, lo que en ese diario de derechas que publica anuncios de prostitución -incluidos los travestis- les pareció más relevante para sus lectores respecto al Premio Cervantes es que era maricón. No sé de qué manera puedo hacer entender a los jóvenes por qué muchos amábamos al hombre que ha muerto, por qué pensamos que es el intelectual más grande que hemos tenido desde hace más de medio siglo. 

Juan Goytisolo fue un traidor, un leal traidor, un don Julián que optó por cruzar la Tierra de Nadie y sustituyó el discurso monolítico para poder ser libre y habitar el laberinto de la heterodoxia y de la paradoja. Esa toma de distancia le ayudó a verse a sí mismo, y en ese yo vio al Otro. Se dio cuenta de que su imagen en el espejo estaba hecha añicos y se empeñó en vivir entre sus pedazos, pecios medio podridos del naufragio de una identidad que fue una impostura desde el principio. 

Descubrió que toda la historia que le habían contado y en cuyas certezas siempre se sintió a contrapelo era mentira, la Gran Mentira, decía. Lo empezó a descubrir en Almería, el lugar donde intuyó ser un hombre condenado al fracaso, pues sus afinidades habrían de ser siempre remotas. El desierto y su subdesarrollo se le presentaban como un paisaje humano y, por tanto, ético. Encontró su continuación más hacia el sur, en el norte de África, y acabó viviendo en Marrakesh, donde supo que, a pesar del esfuerzo de siglos por desconectar a España del mundo árabe, se encontraba aquello que ya vio de joven en los intensos años del exilio parisino. Nada había querido saber del París monumental y burgués de cartón-piedra, su Ciudad Luz era la abigarrada, heterogénea y apátrida de los barrios, esas medinas interraciales, donde el contacto con la vida real aún era posible. 

No, España no es lo que nos dijeron, y la Dictadura -es mejor que lo asumamos- no es un minuetto necesario para alcanzar la modernidad. Hemos perdido la oportunidad histórica de saber quiénes somos... y lo hemos pagado caro. 

En los últimos años Juan Goytisolo trabajó intensamente por apoyar la causa modernizadora de los países árabes. Vio con buenos ojos la primavera árabe y trató de dar las razones que los ajenos a ese mundo no saben dar para explicar por qué es tan nefasta la extensión del yihadismo y por qué la política geoestratégica de los EEUU no hacen sino fortalecer la simpatía hacia el fundamentalismo radical. 

El mismo día en que murió Juan Goytisolo los telediarios se ocupaban del fallecimiento de un diseñador de modas, por lo visto un gran "influencer". 

Goytisolo fue siempre inoportuno... hasta para morirse.   

Saturday, June 10, 2017

POR QUÉ SOY MONTISTA





Importunaba Borges a los escritores que se jactaban de los libros que habían escrito declarando su orgullo por los libros que leyó. 

No recuerdo haber presumido a menudo de las cosas que he hecho, pero pierdo la timidez cuando se trata de mi abuelo. Arturo Montes es una leyenda del fútbol, la sombra de su celebridad -tan sujeta a la controversia e incluso a la trifulca  tabernaria en aquellos lejanos años fundacionales del Valencia cf- ha sido alargada para sus descendientes, algunos de los cuales ya hace mucho que dejamos de preguntarnos por qué sentimos esa misteriosa conmoción cada vez que pisamos el viejo Mestalla. 

Que otros se jacten de rechazar los espectáculos de masas o la irracionalidad de las turbas que vociferan en los estadios... Yo soy nieto de Montes, el Príncipe de Benicalap... 


Forum Algirós, els oritgens del futbol valencià

Saturday, June 03, 2017

TRUMP Y EL CAMBIO CLIMÁTICO

Un zote sin escrúpulos dirige el Gobierno de la nación más poderosa del mundo: no podemos pretender que no nos pase nada. El problema no son las decisiones más o menos estrambóticas que un tipo así puede tomar, el problema es que el energumenismo que define a Donald Trump encarna las creencias, las actitudes, los valores y, en definitiva, la manera de estar en el mundo de una enorme cantidad de ciudadanos dentro y fuera de Norteamérica. 

En esa perspectiva tan de taxistas, tan de barra de bar, tan de machos, tan de ignorantes que no saben que lo son, pero intuyen aterrados que el mundo se mueve en direcciones que no entienden, caben una serie de mantras que conocemos sobradamente. Equivocadamente asociamos esa ideología reaccionaria a las élites, pero es inexacto: Trump sólo encandila de verdad a quienes son tan cortitos que necesitan que un hombre de éxito afirme a voz en grito y sin complejos las mismas simplezas que ellos piensan... Por ejemplo que los inmigrantes nos quitan el trabajo y chupan de nuestros impuestos, que los maricas apestan, que nuestra nación es la más grande, que los árabes son terroristas, que las mujeres andan últimamente muy crecidas y necesitan que las pongan en su sitio...

Entre estos lugares comunes, uno de los que más me llama la atención es el del cambio climático. ¿Se han preguntado ustedes alguna vez por qué la gente de derechas tiende a creer que es un bulo? En este asunto Trump no ha mentido, afirmó junto a la gente del Tea Party que se trataba de un infundio y ofreció como prueba suficiente el hecho de que todavía tenemos invierno. Una vez en el trono no ha hecho sino cumplir lo que prometió, es decir, eliminar cualquier restricción a la producción y el consumo que el hatajo de "losers" que firman los acuerdos intentan imponer a la Nación que tiene a Dios de su lado. 

Yo lo explicaría mediante una vieja falacia tipificada por la Lógica: la falacia "ad baculum", que se utiliza cuando la verdad de algo se hace depender de lo indeseable que resultaría su refutación. En otras palabras: mucha gente ha prestado oídos a la especie de que los del cambio climático es una patraña porque no soportamos la posibilidad de que sea verdad, de manera que vivimos más cómodos siendo negacionistas, sobre todo porque en esa tesitura no tenemos que preocuparnos de cambiar ninguno de nuestros hábitos de consumo. 

Estamos ante un claro ejemplo de pensamiento deformado que se transmite desde los intereses de las élites hasta la credulidad de las multitudes con tentaciones más reaccionarias. La pregunta es: ¿a quién interesa difundir el negacionismo? Obviamente a las corporaciones extractivas, a la industria automovilística... a todos esos sectores de la economía que desean fervorosamente que no prosperen los acuerdos internacionales que pretenden sancionar a quienes contaminan. 

¿Y no es absurdo que una evidencia que ahora mismo sólo niegan el cinco por cien de los científicos y que pone en peligro el presente y el futuro de la humanidad continúe en "fase de debate"? ¿No será que interesa a gentes muy poderosas que el aplazamiento de las medidas se mantenga sine die? Eso explica la existencia de asociaciones como el Instituto Heartland, que convoca anualmente una Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático, donde ponentes de toda ralea -la mayoría "aficionados" a la ciencia- aportan argumentos para demostrar que estamos ante un gigantesco ataque contra el capitalismo y que los científicos y comunistas del mundo conspiran juntos para hacer creíble lo que en realidad sólo es una leyenda. Son un hatajo de majaderos, no tengo duda, pero la difusión de sus estupideces están muy bien financiadas... si quieren saber qué poderosos caballeros protegen instituciones como Heartland lean por favor "Esto lo cambia todo. (El capitalismo contra el clima)", de Naomi Klein.  

No se si se ve a donde voy a parar. No estamos ante un problema "ecológico", ni siquiera ante un problema científico, ésta es una cuestión política... En el fondo es la "cuestión", esa de la cual forman parte todas las demás: el capitalismo corporativo o, si lo prefieren, la globalización neoliberal. Trump es un gobernante irresponsable, pero la irresponsabilidad de frenar la catástrofe climática será cosa de todos en la medida en que no obliguemos a los gobiernos a emprender medidas contundentes, y eso es algo que los ciudadanos no estamos haciendo. Si el día que Rajoy habló de su primo el meteorólogo o le puso un impuesto a la energía solar hubiéramos entendido que eso era suficiente para enviarlo a su casa, probablemente no hubiéramos necesitado esperar a que el majadero de la Casa Blanca desatara nuestra indignación con su prepotencia. 


Quizá después de todo sea bueno que esté Trump, es la manera de que nos demos cuenta de que el asunto climático va en serio, muy en serio.   

Friday, May 26, 2017

PEDRO SÁNCHEZ, MALDITA DEMOCRACIA.

¿Se divirtieron el domingo, verdad? Sí, yo también, y, como todo hijo de vecino, lo que me dibujó una sonrisa idiota en los labios no fue tanto el triunfo de Pedro como la derrota de Susana. El caso merece alguna reflexión, pues yo, como muchos de ustedes, había declarado antes del domingo que las primarias del PSOE me traían más bien al pairo. 

A esta evidente incoherencia le encuentro una primera justificación: Susana Díaz nos cae mal, yo diría que cae mal a todo el mundo, incluso a quienes le apoyan. Algunos de estos -pienso en los que le avalaron y luego votaron a Sánchez- han demostrado que en el PSOE existe el miedo, lo cual no me sorprende pero resulta preocupante teniendo en cuenta que vivimos en España y no en Corea del Norte. Es sencillo y lo sabemos todos, excepto quienes han decidido ser tan ciegos como para no advertir que hay un elefante en el comedor: Díaz era la candidata de la vieja oligarquía que controla el aparato del Partido, y su misión era evitar que Sánchez pasara a liderarlo. Si se arriesgaron a quemar al personaje con más peso dentro de la organización es porque, después de haber creído eliminar a Sánchez, se dieron cuenta de que su resurreccion constituía una muy seria amenaza.

Sí, pero ¿por qué? Aún no he encontrado una sola explicación mínimamente seria para el supuesto de que Pedro Sánchez es un elemento peligroso para todos nosotros. Ha cambiado bastante de criterio, es cierto, pero, miren por donde, fue el único que tras insistir -con o sin acierto- en el "no es no" a Rajoy, tuvo las agallas de ser coherente y marcharse cuando vio que no había manera de salir del enroque. Los demás, que también repitieron la negativa rotunda hasta la saciedad, no le acompañaron, todo lo más pusieron un poquito de cara de compungidos al felicitar a Mariano Rajoy y siguieron adelante con sus vidas y sus sueldos. 

Por lo visto no contaban con que el candidato optaría por no rendirse. Más de uno -yo entre ellos- se sonrió por aquello del automóvil viajando por el país para hacer apostolado. Tenía su parte romántica e incluso tierna, pero a los jerarcas les debe estar sabiendo a cuerno quemado ver cómo ahora las bases del PSOE, que siempre fueron un poco revenidillas, le han convertido en Secretario General con la misma "malicia" con la que prefirieron en su momento a Borrell frente a Almunia o a Zapatero contra Bono. Que a estas alturas Felipe González no haya entendido que cada candidato al que él apoya es carne de debacle es algo que debería hablar con su neurólogo. Quizá crean él y los que todavía le adoran que sigue siendo el mismo líder que manipuló a los españoles para entrar en la OTAN y que ahora -es lo que tiene el carisma- puede decirles a quién deben votar y ellos responder al toque de corneta. 

Miren, yo no sé si es bueno o malo que Sánchez regrese a la Secretaría General del PSOE. Pero sí sé algunas cosas que me permito enumerar. 

1. La célebre desafección de los ciudadanos no se dirige a la política, sino a los aparatos de los grandes partidos, fenómeno con especial incidencia en la izquierda porque su electorado exige responsabilidades éticas y compromiso ideológico sincero. Lo diré de una vez: la jerarquía de veteranos del PSOE está completamente entregada al IBEX y es ideológicamente connivente con el PP porque no cree que existan alternativas a los programas neoliberales. Esto no sólo lo piensan en Podemos, lo creen también los ciudadanos que continúan votando al PSOE. Susana es la candidata de ese sentimiento más o menos disimulado de impotencia política, por eso la han abandonado. 

2. Díaz no es una "ganadora" de elecciones y Sánchez un "perdedor".  ¿Soy el único que se da cuenta? En Andalucía el PSOE ganaría si me presentasen a mí de candidato, es más, sospecho que si anda tan cerca el PP es en parte por lo poco estimulante que resulta Díaz. El mismo razonamiento pero al revés respecto a Sánchez: no hay candidato socialista que pudiera revertir la pérdida masiva de electorado que se ha registrado en el último lustro... Estimo que con otro candidato probablemente Podemos ya habría obtenido el tan temido sorpasso. 

3. Aceptemos por un momento que Pedro es un irresponsable y un kamikaze y que la política que ha seguido el PSOE desde su marcha -empezando por hacer Presidente a Rajoy- es la única viable siendo prudentes y realistas. Y ahora me pregunto, ¿cree de verdad la vieja guardia que el PSOE volverá alguna vez a gobernar tras renunciar a la política de confrontación con el Partido más corrupto de la historia de España? ¿Cree que en estas condiciones podría evitar que Podemos le birlara la hegemonía entre el electorado de izquierda? Puedo pensar que la única vía es la que se ha tomado, pero no estaríamos aquí si a lo largo de la historia de la democracia el Partido Socialista y, muy especialmente, sus líderes, hubieran entendido que el objetivo de un partido político es representar la voluntad de los ciudadanos y no convertirse en una maquinaria de poder. Si de verdad creen que "no se puede" -lo digan o no explícitamente-, ¿por qué extrañarnos de que quienes aún creen que es posible gobernar desde la izquierda prefieran a Sánchez e incluso a Podemos?


4. La línea editorial del diario El País ha sido en este tema escandalosamente tendenciosa. Leemos -o leíamos- El País porque nos parecía prensa seria frente a los tebeos panfletarios que los fachas leen para que les digan lo que ellos piensan o para que les manipulen con ejercicios periodísticos impostores. ¿Cree de verdad el señor Cebrián que no nos hemos dado cuenta de cuál es su jugada? 

Ha ganado Sánchez, qué jodida es a veces la democracia, ¿verdad?

 

Saturday, May 20, 2017

RAJOY Y LA FILOSOFÍA

El Gobierno dice estar arrepentido del tratamiento que su ley de educación dio a las asignaturas de Filosofía. No seré mezquino, rectificar -aunque sea tarde- es de sabios; pero tampoco seré ingenuo, es la presión de mucha gente comprometida la que empuja al Gobierno popular a revisar sus decisiones. No conviene olvidar en cualquier caso que la negligencia exige atribución de responsabilidades. El ex-ministro Wert, ahora felizmente instalado en una hermosa mansión de París junto a su novia a costa de todos nosotros, perpetró una ley de educación delirante con tres intenciones: beneficiar a la escuela privada en detrimento de la pública, satisfacer las ambiciones más regresivas y antidemocráticas de la Iglesia Católica y fastidiar a los nacionalistas. 
Cuidado: Wert no fue un error de Rajoy. Le entregaron el Ministerio para que les hiciera la vida imposible a los sectores críticos -por ejemplo el cine o la Universidad pública- y cumplió como un sicario fiel con la encomienda. Por eso Rajoy le premió con el cargo parisino. 


En cuanto a la Filosofía, evitaré la paranoia. Mola pensar que las élites persiguen desde hace milenios a los discípulos de Sócrates porque perfilamos para el pueblo la cara de sus opresores. Pero me temo que la explicación es más prosaica: los mandarines no odian a la Filosofía porque les incomode, sino porque creen que es inútil. Bastan un par de informes PISA para que les entre el nervio por reforzar las materias "instrumentales" y crear asignaturas como "Emprendimiento"... Y, claro, por la ley del más fuerte son materias  recesivas y anticuadas como el Latín y el Griego, el Francés o la Filosofía las que pagan el pato. Los filósofos enseñan a la gente a detenerse a reflexionar , eso es suficiente para que no le caigamos bien a quienes dominan la Ciudad, pero sospecho que ni a Rajoy ni a Wert les llega para entender que desde la duda metódica cartesiana o el escepticismo de Montaigne se cuestionan los fundamentos que legitiman la verdad, el bien o el poder.  

Ahora que algunos compañeros del Instituto me felicitan por la rehabilitación del Departamento que dirijo -ya veremos en qué se traduce la dichosa contrición- aprovecho el momento de euforia en mi gremio para hacer tres observaciones. El objetivo es desactivar algunos prejuicios bastante extendidos y que inclinaron al peor ministro de la historia democrática española a aplicar la "Solución Final" sobre la madre de las ciencias. 

1. La idea de que los saberes escolares han de ser "útiles", "rentables" o "aplicados", aparte de su falaz simplismo, giran en torno a la misma ideología tecnocrática que trabaja para obtener seres dóciles y no personas, y menos personas librepensadoras. 


2. La recuperación del viejo binomio optativo Religión/Ética responde a una maniobra de la Iglesia, lo cual, además de una regresión pre-democrática, incorpora una falsedad. La Religión se funda en la fe, es por tanto irracional en esencia, lo cual no la vuelve mala, pero le debe en buena lógica impedir convertirse en alternativa académica a la Ética, que se fundamenta en la razón. Con la LOMCE, si un niño elige de principio a fin de su trayecto académico Religión en vez de Valores Éticos, no llegará nunca a plantearse la legitimidad racional del deber o la virtud. Para aceptar semejante aberración hay que pensar como un clérigo, es decir, creer que más allá de la obediencia suscitada por la fe sólo existe el vacío moral. 

3. La ideología tecnocrática sostiene que la evolución de la cultura se define en tres fases. En la primera -"teológica"- creemos en los dioses; en la segunda -"metafísica"- se construyen la reflexión, la disensión y la crítica desde los grandes sistemas racionales; finalmente, en la tercera -"positiva"- la ciencia impone definitivamente su modelo, desligándose de los prejuicios trascendentalistas y llevando el conocimiento a la pura objetividad de los hechos y la fabricación tecnológica. Yo no me creo esta argumentación, pero sí se la creen -a lo mejor sin saberlo- los tipos como Wert. El pequeño problema es que España no ha pasado la segunda fase. Vivimos hasta hace cuatro días en la primera fase, a machamartillo y con quema de herejes y conversos incluida. Los intentos reiterados de pasar a la fase ilustrada ha sido sistemáticamente abortados por la violencia, el vasallaje y el fanatismo. Podemos, como un mono a las teclas de un ordenador, querer entrar en la fase tecnológica sin pasar por la segunda, que es a fin de cuentas lo que están haciendo muchas naciones. Yo creo que será más prudente no echar a la basura lo que todavía pueda quedarnos de la fase intermedia, la de la debate libre y el intercambio de ideas. 

Claro que también podemos hacer lo de siempre: molernos a palos. Es lo menos filosófico que conozco, pero es muy hispánico, ya lo creo.
  

Saturday, May 13, 2017

PRIMARIAS



Me pregunto por qué las primarias del PSOE sólo consiguen provocarme hastío. 

Desde hace casi dos años, que a mí se me han hecho larguísimos, los medios vienen ofreciéndonos el Partido del Siglo de forma casi ininterrumpida. A quienes como Ferreras -periodista estelar de La Sexta- viven de hacernos creer que "nos la jugamos" en estos trances ya no creo que les cuele, sobre todo si tenemos en cuenta que ya vendieron la misma burra con las elecciones generales de hace un año y medio, con su repetición navideña y, más recientemente, con la disputa fratricida entre pablistas y errejonistas en Podemos. Ahora resulta que, como Pedro Sánchez y sus seguidores no se han resignado a desaparecer, tenemos nuevas raciones de "campaña crispada", que es lo que da más audiencia televisiva, como cuando empiezan las patadas en el fútbol y todo el mundo mira, a ver si corre la sangre y terminan apareciendo incluso en "Sálvame de Lux".

La actual controversia en el PSOE se presenta como un conflicto ideológico. Hay un ala pactista y con sentido de Estado que se abstuvo por realismo para dejar gobernar a Rajoy, y un ala izquierda que se habría negado en todos los supuestos a ese apaño y, supuestamente, estaría dispuesto a un pacto con Podemos. 

¿Ustedes se lo creen? No dudo que hay personas honestas en las bases del laborismo español para las cuales el viejo partido tiene una función social que cumplir, de manera que si queda varado en su actual situación crítica, los derechos ciudadanos y la democracia misma corren un serio riesgo. 

Yo no termino de verlo. Claro que quiero que la izquierda vuelva a poder, pero se me hace cuesta arriba creer que el PSOE es capaz de de desarrollar una política de redistribución de derechos y protección frente al gran capital, ya que vive tan cautivo como el PP del único gobierno real del país, el IBEX, auténtico vencedor de todas las elecciones desde hace mucho. 

Lo siento, Pedro Sánchez me parece un hombre desesperado que es capaz de decir a su ex-novia cualquier cosa con tal de hacerla regresar, mientras a que a Susana Díaz la veo como una khalessi con mala hostia pero sin gracia y con un tufo insoportable a aparatchik, realpolitik y vulgaridad. Mientras algunos ciudadanos se preocupan por lo que nos pase a todos, el PSOE se desangra ante el horror de muchos por la posibilidad de quedarse sin trabajo, que no digo que sea poca cosa, pero que no justifica tantos telediarios.

Les cuento algo. Ayer estuve en un ambulatorio por una vacuna. Tengo una cierta idea de cómo funciona la atención hospitalaria en muchos lugares del mundo, incluyendo naciones tan presuntuosas como el Reino Unido. Pensé en la buena organización del Centro, en lo rápida y eficazmente que fuimos atendidos, en el buen aspecto que ofrece el ambulatorio instalado en una barriada obrera. 

Hay mucho de qué quejarse, claro, pero parece que sólo juzguemos el estado de las cosas cuando va mal, como si una gestión responsable y medianamente eficaz de los servicios públicos fuera lo fácil y no tuviera ningún mérito. 

Muchos creen que el Partido Socialista modernizo en su momento un país esclerotizado y lleno de vicios atávicos para convertirnos en una nación europea moderna y, en muchas cosas, envidiable. Yo prefiero pensar -acaso sólo sea eso, una inclinación personal- que han sido las multitudes las que han sorteado la pestilente ciénaga 
del franquismo para hacer de éste un lugar habitable y del que, por qué no, habríamos de sentirnos moderadamente orgullosos. Ayer vi padres esforzándose por sus hijos, inmigrantes que luchan por abrirse camino en un país donde se sienten más seguros que en los de origen, médicos que tienen el coraje de sanar a pacientes poco rentables, el conductor del metro que te lleva, los ancianos que esperan su turno, el técnico químico que preparó la vacuna... Son las multitudes las que con su esfuerzo diario obligan a los mandarines a levantar hospitales y otros bienes que hacen más dignas las vidas de todos. 

Prefiero que el PSOE salga de ésta, pero si no lo hace habremos de arreglárnoslas sin él. Y sobreviviremos, no tengo ninguna duda. 

Friday, May 05, 2017

POR QUÉ LOS CENTROS CONCERTADOS NO TIENEN RAZÓN


En los últimos días hemos visto en el País Valenciano que diversos Centros de educación concertada se han unido para protestar contra la política de la Conselleria d´Educació, la cual ha endurecido las condiciones para obtener la financiación para la enseñanza no obligatoria, es decir, los Bachilleres, y ha suprimido ya una pequeña cantidad de unidades en distintos Centros. La izquierda lleva apenas un par de años en el poder autonómico. Hemos pasado más de veinte años de un gobierno conservador cuya ideología en materia educativa se inspira en la protección de la enseñanza privada y la reconversión de la pública en una pura beneficencia para pobres e infortunados de toda ralea. No es extraño, aunque sí muy mezquino, que ahora los grandes beneficiados de esa época nefasta se indignen por un pequeño mordisco a sus intereses, teniendo en cuenta que en la pública nos hemos pasado todo este tiempo viendo como la escuela de todos se iba deteriorando sin remedio.  

Una primera consideración. Entre estos indignados colegios, nos topamos con el Guadalaviar, ubicado en una de las zonas opulentas de la ciudad de Valencia, perteneciente al Opus Dei y orgulloso practicante de la "educación diferenciada", eufemismo tras el que ustedes, queridos conciudadanos, deben saber que se oculta el hecho delirante de que estamos sufragando entre todos un colegio de señoritas, es decir, practicante de un principio tan anticonstitucional como es el de la discriminación sexual. Suena a sarcasmo entrar en la web de este colegio y saber que desarrollan un programa de "empoderamiento para la mujer", que defienden firmemente la igualdad y que en su proyecto educativo no dicen en ningún momento que su colegio es femenino y que sólo hay profesoras... honestidad ante todo. 

Veamos. Definimos enseñanza privada como aquella que se es administrada con las cuotas que pagan sus clientes, y pública como aquella que financia y gestiona enteramente la Administración . La educación concertada presenta la singularidad de ser financiada, como cualquier CP o IES, con capital de todos, pero aplica métodos de gestión privados y cobra cuotas a sus clientes. Se da otra peculiaridad en el caso español, donde el peso de la concertada es inmenso si lo comparamos con los grandes países europeos, que su titularidad corresponde a la Iglesia Católica en más de un noventa por ciento. La presencia de la enseñanza concertada no religiosa o de la enseñanza auténticamente privada, es decir, no subvencionada, es residual. 

La red concertada fue creada en su momento por el PSOE con dos objetivos: racionalizar la política de subvenciones a la escuela privada y, por otra parte, proteger el derecho de los españoles a obtener una plaza escolar en espacios donde, por la razón que fuere, aún no había llegado la red pública. 

La perversión de este sistema, de la que el PP ha sido artífice y el PSOE cómplice, llega cuando lo transitorio se hace permanente, el privilegio se convierte en derecho y lo anómalo y residual se hace sistémico. El concepto de "libertad de elección", en el que se insiste una y otra vez a voz en grito -como si una mentira por el hecho de repetirse una y mil veces terminara siendo verdadera-, contiene una mezquina impostura: si el erario público no accede a financiar los colegios católicos entonces es que el Estado prohíbe decidir a los padres. Esto equivale a insinuar que si la ley me permite deambular libremente, entonces debe pagarme el vehículo, y si admite la libre información, entonces debe pagarme el periódico que adquiero en el kiosko. 

Lo peor es que, en la práctica, el resultado es liberticida, o sea, justamente lo contrario de lo que se anuncia, pues sólo pueden acceder a dichos colegios quienes pueden pagar las cuotas que, de forma ilegal en muchos casos, imponen los Centros, y aquellos que, por distintos motivos, no son rechazados por el propio Centro. Supuestamente los coles concertados no tienen más posibilidad para el rechazo que los públicos, pero esto es falso porque la LOE, ley del Gobierno Zapatero que preveía un cierto control administrativo sobre procedimientos de admisión, nunca fue aplicada en serio. A la hora de la verdad, todos lo sabemos, un chaval conflictivo, con problemas mentales, físicos o del tipo que sea, un inmigrante o un chaval cualquiera que simplemente no presente un perfil grato para el colegio en cuestión es rechazado con la excusa de que "la matrícula está llena". 

Las consecuencias recaen sobre la pública, estoy harto de verlo en el IES donde trabajo y en los colegios públicos de mi zona. Ayer mismo llegaron dos chavales kazajos que, obviamente, no hablan ni papa de español, lo cual supone que habrá que encontrar recursos para ayudarles a integrarse y terminar siguiendo el ritmo de las clases. He tenido alumnos con problemas motóricos muy graves, con enfermedades degenerativas, multitud con necesidades educativas especiales que acuden a la pública porque saben que en ella serán convenientemente atendidos, obligación de la que normalmente la concertada se escaquea... Y, por supuesto, he tenido aulas repletas de alumnos inmigrantes. ¿Ven ustedes salir muchos magrebíes, chinos o negros en colegios de élite que pagamos entre todos? Dejémonos de hipocresías, los centros concertados ofrecen a sus clientes la posibilidad de no juntar a sus hijos con "gentuza", su target de negocio se basa en eso, todo muy evangélico, claro.  

Hablemos claro, la educación privada es un negocio. Está o no bien que lo sea, lo que no se entiende es que quienes se dicen liberales y suelen despotricar contra quienes viven de subvenciones practiquen un modelo segregacionista de un derecho básico como es la educación, fomenten el clasismo desde la escuela y, para colmo, nos quieran hacer creer que lo democrático es que se lo paguemos los demás. 

A menudo he escuchado la frase aquella de que el que consume educación privada "paga dos veces", pues queremos que sufrague el total de los estudios de sus hijos y además que pague los mismos impuestos que quienes acudimos a la privada. Este argumento es parcial. Si usted quiere un guarda de seguridad para el garaje donde guarda su coche debe pagarla por su cuenta, pero además ha de pagar por la policía pública porque los impuestos sirven para garantizar el derecho de todos a la seguridad. En cualquier caso, y siguiendo ese argumento, quien ahora paga dos veces es quien con sus impuestos financia la escuela pública de sus hijos y, encima, la privada que tan generosamente el Estado financia. 

En Finlandia, país de referencia en cuestión educativa, la presencia de la enseñanza privada es residual. Empleemos el dinero y los recursos que hoy se desvían a la concertada en crear una gran escuela pública para todos. Quizá entonces nos acerquemos a Finlandia. De momento seguiremos siendo España, es decir, un país trabado en su progreso por el escandaloso poder del lobby eclesiástico, cuyo mayor interés es fomentar y proteger los privilegios de las élites.   

Friday, April 28, 2017

LA FELICIDAD EN DINAMARCA



He viajado a Dinamarca por dos razones. La primera es la serie "Borgen", un feliz e inesperado hallazgo televisivo que me recomendó con buen criterio Justo Serna. La segunda es la felicidad. Dinamarca aparece en las listas sobre los países más felices del mundo en el primer lugar, algo así como Messi en fútbol y Bill Gates en fortuna, pero mejor. Los filósofos, dedicados al empeño metafísico de buscar el Ser y las raíces de la Verdad, se olvidan a menudo de que si desde tiempos remotos se les consideró necesarios en la polis es porque investigaban los caminos para la obtención de la felicidad. Me hospedé durante días en Copenhague con la intención de alimentar esa investigación que me tiene ocupado desde hace décadas. 

Meik Wiking, director del Instituto de Copenhague para la Felicidad, publicó el año pasado el ensayo "Hygge. La felicidad de las pequeñas cosas". No sé si los daneses son realmente felices, no tuve tiempo como para comprobar tan improbable aseveración... Me tomo por tanto la felicidad a la danesa como una propuesta, como una forma decidida de vivir para ser feliz, para intentarlo al menos. Hygge es el término que define esa propuesta. Resulta intraducible, pero podemos entenderlo como una mezcla de placer mesurado y bienestar... un estilo sereno e inteligente de hedonismo. 

Debemos ser precavidos. Dinamarca es un país rico, sus niveles de paro, pobreza y conflictividad social son muy inferiores a los de España, y ridículos si los comparamos con los de, por ejemplo, un país hispanoamericano o subsahariano. "Ah, claro", dirá algún cínico, "hay que tener pasta, así cualquiera". Vale, la prosperidad es una condición, pero aquí el asunto tiene que ver con la redistribución de la riqueza, y eso sí parece admirable. En Dinamarca se pagan unos impuestos bestiales, los niveles de corrupción son mínimos y el Estado del Bienestar es tan sólido que ha resistido casi incólume el acoso de la Gran Recesión. Ha crecido la xenofobia, es cierto, y algún partido aficionado a levantar sospechas sobre la inmigración ha engordado su expectativa electoral. Nadie es perfecto, pero no debemos engañarnos, el perfil ideológico del ciudadano danés es progresista, y sus creencias en materias como libertad sexual o ecología son envidiables. 

A ver. Cuando llegas a cualquier ciudad danesa lo primero que te sorprende es el silencio y la falta de agresividad. Las bicicletas proliferan hasta el punto de convertir el tráfico no motorizado en el auténtico rey de las ciudades. Los daneses se educan en la bici desde niños. Esto se asocia a los impuestos tremebundos que se pagan por comprar un automóvil y a lo caro que resulta transitar en coche por una calle de Copenhague, pero eso no demuestra que los daneses vayan en bici a la fuerza, sino que para conseguir urbes humanizadas es necesario tomar medidas concretas y no quedarse, como aquí, en intenciones y celebraciones del día sin coches. 

Bien, todo esto es política o, si lo prefieren, la Razón en su mejor acepción, la destinada a procurar una convivencia democrática bajo el imperio de la ley. Lo demás es más difícil de traducir y, por tanto, de imitar... lo demás es hygge.

No estoy seguro de qué es exactamente eso. Alguno podría entenderlo como una forma de resignación propia de un pueblo acostumbrado a vivir en pedazos de tierra insular azotados por vientos árticos y que rara vez gozan de la luz solar. Mirar la lluvia desde la ventana, tomar café bajo una manta viendo una película, preparar galletas de mantequilla... Esto lo puede hacer cualquiera, pero asumir que la felicidad disponible consiste en esa suerte de pequeñas cosas cotidianas, creo que hygge es algo de esto.

El concepto mediterráneo es mucho más expansivo, asociamos la felicidad a reír a carcajadas, tomar el sol y saludar con danzas de fuego a la permanente primavera en que vivimos. No sé si somos más felices que la gente del Norte o si sólo creemos serlo... me parece una inútil controversia. 

Pero permítanme una sugerencia, o mejor dos. No podremos ni acercarnos a la felicidad mientras no entendamos que las ciudades no están hechas para los automóviles -esas fábricas de contaminación, ruido, estrés y violencia- y no para las personas, sean ciclistas o peatones. No imaginamos, háganme caso, lo feliz que sería una urbe como ésta en la que vivo si nos libráramos de la tiranía de los coches. Vuelvo de Dinamarca mucho más convencido al respecto de lo que ya estaba. 

La segunda: denunciemos de una vez por todas el éxito creciente de la descortesía y la hosquedad. Si algo envidio de algunos países a los que he viajado, no sólo Dinamarca, es que la gente parece apreciar todavía la importancia que para el bienestar colectivo tiene el cuidado de las formas más elementales de la cortesía. Estoy harto, lo confieso, de compañeros de trabajo y vecinos que no se toman ni siquiera la molestia de responder a mis "buenos días" o que contestan con cara de perro a la sonrisa cordial con la que en casa me enseñaron a dirigirme a la gente. 

No sé si esto es muy hygge, yo lo llamo buena educación. La convivencia es un jardín frágil que conviene cuidar con esmero. Más allá sólo está Trump.  

Saturday, April 15, 2017

MALA MUERTE

La "desnaturalización" de un fenómeno biológico como la muerte es pieza maestra de la trama de intercambios simbólicos, lo cual abre desde tiempos inmemoriales el camino para abandonar la selva. Enterramos a los finados con toda suerte de honores y liturgias porque sólo en la medida en que respetamos a la muerte podemos entablar con ella una relación no crispada por el pánico. 

Es imposible entender a quienes piden el derecho a una muerte digna para quien sigue atrapado en la cobarde convicción de que sólo Dios Padre puede administrarla. 

Debe ser ese derecho a un fin honroso el que hace que se me revuelvan las tripas cuando alguien que ha cumplido con su deber día tras día es despedido de una patada sin honor ni gratitud ni reconocimiento. Puede perdonar que ya no me quieran y que me sustituyan, quizá en eso tengan razón, pero sí me he comportado dignamente exijo morir con los honores que me correspondan. Sólo los pobres de espíritu desconocen la lógica de ese juego simbólico que convierte a los muertos en talismanes de la tribu, cuya identidad colectiva se alimenta precisamente de su respeto a la memoria de los que ya no están. 

Es común entre los pueblos primitivos que estallen conflictos como consecuencia de unas exequias insuficientemente rigoristas. El protagonista de una mala muerte, convertido en alma penante, persigue entonces a sus familiares, de tal manera que acaban reclamando las artes de un chamán capaz de "quitarles el muerto de encima". 

No debería extrañarnos que los monstruos contemporáneos sean los no-muertos. El vampiro encarna el espíritu de la distinción aristocrática que se resiste a desaparecer, infiltrándose en los intersticios más oscuros de la moralina burguesa. Los zombis se pudren asquerosamente ante nuestra mirada porque la mediocridad de la sociedad consumista les prohíbe la dignidad de una inhumación definitiva. La criatura de Frankenstein regresa de entre los muertos para recordarnos con su brutalidad del peligro de querer jugar a dioses. Las momias reviven para enviar antiguas plagas sobre los sacrílegos ladrones de tesoros... Tememos a los "undead" porque nuestro inconsciente advierte que no podemos coexistir con la muerte haciendo como que no la vemos. Los gitanos, tribu primitiva y nómada milagrosamente sobrevivida a la modernidad, como los judíos, se enfurecen cuando nos cagamos en sus muertos porque sólo desde su recuerdo vigilante se protege al clan de una extinción que siempre está a la vuelta de la esquina. 

Hay algo de todo esto en la Semana Santa, cuyas procesiones más valiosas y emocionantes son aquellas en las que se representa el dolor por la muerte. Abandono el espectáculo sistemáticamente cuando pasa el Sábado Santo y se celebra una experiencia para mí tan inconcebible como la de la resurrección, esa creencia delirante y pueril que confirma aquel dicho nietzschano de que "el cristianismo es platonismo para el pueblo". No se puede y, lo que es más importante, no se debe vivir por los siglos de los siglos. Es la irreversibilidad del fin lo que hace posible la verdadera dicha de vivir, aquella por la cual gozamos de cada momento porque sabemos que puede ser el último. 

"Ya no están en la choza", dicen en África de los padres y hermanos muertos, "... pero sigo habitándola porque están en mi memoria". Honremos a los muertos, vigilemos la memoria de los héroes que cayeron. De alguna manera inexplicable siento que esa presencia nos protege. A nosotros y a nuestros hijos.  

Saturday, April 08, 2017

ADOLFO EL PELMAZO



Pasen por delante de un kiosco cualquiera... Apuesto a que entre las portadas de tipas macizas llenas de tatuajes, moteros amacarrados y señoras que hacen tartas veganas encontrarán una o dos imágenes de portada de Adolf Hitler. Si escrutan un poco más observarán que en tal o cual revista para historiadores amateurs o aficionados a temas esotéricos aparecerán reportajes sobre el vegetarianismo del Fuhrer, las pelis porno que rodaba con su amante cierto alto mando de las SS, los indicios de que la mujer de Goebbels estaba como una puta cabra o los supuestos vínculos entre Goehring y una secta vampírica. Da lo mismo, tú pones la carota del tipo del bigote y ya sabes que el producto se vende. Hitler ha dado ya de comer a tanta gente que de no ser por sus abundantes fechorías podríamos considerarlo casi un filántropo. 

Sí, señores, Hitler era malo, más malo que la quina, pero no acabo de entender por qué despierta tanta fascinación. Ya lo sé, consiguió que millones de alemanes jalearan entusiastas las barbaridades que tan teatralmente exponía en sus apasionados discursos. Pero, qué quieren, a mí me parece un majadero. A fin de cuentas también hoy encontramos multitudes que adoran a psicópatas.

Hay que estar muy loco para montar un infierno en la Tierra como Auschwitz, no hay duda. Pero deberíamos no olvidar aquello de que la historia la escriben los ganadores. Así se explica que atrocidades como el bombardeo de la aviación aliada en Dresden o la atrocidad de Hiroshima y Nagasaki pasen por acciones legítimas de guerra. En cualquier caso no hace falta que retrocedamos tanto en el tiempo para encontrar el mal en su estado más puro. La Guerra de los Balcanes, la Guerra de Iraq, la brutalidad del régimen sirio, el escándalo de los millones que mueren cada año por hambre o enfermedades perfectamente curables en un tiempo en que podemos producir alimentos y medicinas para todos... No merece la pena seguir.

No me interesa Hitler como referente del mal porque creo, como nos enseñó Hannah Arendt, que el mal que envenena el mundo es cotidiano, doméstico y, en cierto modo, banal. 

Les contaré algo. Recientemente, en una clase de Ética planteé la pregunta siguiente: ¿qué deben hacer las sociedades con los débiles? Me pidieron que definiera el concepto, y contesté que "débiles" eran los niños, los ancianos, los disminuidos psíquicos, los minusválidos, los enfermos... Varios alumnos -más de los que yo podía imaginar- declararon su convicción de que las personas "improductivas" que constituyen un gasto "inútil" para la sociedad deberían ser eliminadas o, cuanto menos, las instituciones no debían financiar su supervivencia, su salud y su bienestar. Como en esa clase hay dos niños con gravísimas enfermedades degenerativas que les obligan a desplazarse en silla de ruedas, apelé precisamente al caso de las minusvalías físicas para hacerles ver lo atroz de las creencias que manifestaban. No valió de nada, insistieron en dichas creencias, ante mi asombro y la sonrisa no sé si irónica o aterrada de alguno de los alumnos enfermos en cuestión. 

Creo presentir en aquella sarta de infamias el eco de airadas voces paternas que manifiestan que -empezando por los odiosos inmigrantes- sus impuestos no tienen por qué emplearse en cuidar de vagos, inútiles, maleantes o extraños. 

El mal no tiene para mí la cara de Adolfo. El fascismo está por todas partes y se exhibe con toda desfachatez en la banalidad de lo cotidiano. Quizá los nazis -como los vampiros, los asesinos de masas, los terroristas o los malos de las películas de Hollywood- nos dan a pensar que nosotros estamos del lado de los buenos. Pero miremos bien alrededor, puede que nos sorprendamos.     

Saturday, April 01, 2017

SOCIALISMO POSIBLE: AXEL HONNETH EN VALENCIA



Pospongo citas y obligaciones para asistir a la conferencia de Axel Honneth en la Beneficencia, propiciada por la Institución Alfons el Magnànim. La traducción simultánea se ofrece en valenciano, doble felicitación pues para los organizadores. 

Axel Honneth no es un cualquiera, ni mucho menos. Se le reconoce como figura clave de la que empieza a ser conocida como "tercera generación de la Escuela de Francfurt". Estamos por tanto ante el heredero más célebre de Jurgen Habermas, y más lejos en el tiempo, pero no con menos trascendencia, de Adorno, Horkheimer, Arendt o Benjamin... Mi formación le debe demasiado a la Teoría Crítica, en especial a Adorno, como para no sentir alguna conmoción -tolerenme esta debilidad- al encontrarme el jueves a unos metros de Honneth, escuchando una argumentación sugerente y cargada de sensatez, algo no demasiado habitual en tiempos donde parece que uno sólo concita atenciones si se pone radical y un tanto apocalíptico. Me alegró ver allí a mi viejo maestro, Sergio Sevilla, el más brillante adorniano que conozco.

Vivimos un tiempo oscuro para el socialismo, reconoce Honneth: ¿le dejamos morir sin más? Eso querrían sus enemigos, claro. Lo curioso es que un conservador del XIX jamás habría creído que el debate abierto en las sociedades industriales por el socialismo hubiera tenido un recorrido tan corto. Es el mejor momento para aclararse: ¿qué intentamos decir cuando decimos ser socialistas?

El marco teórico del socialismo ha vivido atravesado por tres errores que han estado cerca de colapsarlo. El primero es el economicismo. Y es un error profundo: el marxismo despreció desde el principio instancias no económicas como el derecho civil porque le costó mucho entender que de lo que tratan las teorías -empezando por las revolucionarias- es de personas. 

El segundo es el prejuicio de definir al proletariado como clase revolucionaria, como si tal cualidad fuera una esencia platónica y eterna. La clase obrera fue un sujeto histórico revolucionario y anticapitalista hasta que dejó de serlo, el socialismo ya no expresa las creencias de la clase obrera porque el capitalismo la asumió desde el final de la Segunda Guerra Mundial. 

El tercero es el determinismo o, si se prefiere, la teleología fetichista. Necesariamente la "economía social", la sociedad sin clases y dictadura del proletariado esperaban a que cayera el capitalismo para ganar el mundo. Los cambios sociales no son científicamente determinables, no hay una inevitable sucesión comunista del capitalismo. Esto nos aboca a la incertidumbre: bienvenidos. No sabemos cómo será el final, no sabemos a dónde vamos exactamente, pero es mejor dejar de soñar con paraísos porque nos perjudica.

Es duro asumir estas evidencias, pero también es muy cómodo negarse a aceptarlas. Frente a un impracticable dogmatismo, Honneth se inclina por el "experimentalismo". Su propuesta es trabajar por el incremento de la "libertad social". ¿Reformismo?Nada es más inútil que seguir en la senda -tan dañina en la historia oficial del socialismo- de quienes distinguen entre buenos y malos, entre revolucionarios y reformistas. 

¿Cómo experimentamos? Debemos empezar por no pretender destrozar aquellos pactos institucionales que han servido para incrementar la libertad de la mayoría. Mientras no sabemos cómo mejorar algo es mejor que no lo destruyamos. Por eso hemos de hacernos a la idea de experimentar con economías mixtas, formas de propiedad privada, iniciativas empresariales, mercados, economías cooperativas...Necesitamos abrir la mente, no cerrarla. 

Son elementos de sobra para el debate. ¿No?

Thursday, March 23, 2017

ALGUNAS NOTAS

1.En la cola de un estanco, rodeado de dos prostitutas, un inmigrante árabe y una anciana airada descubro la lamentable evidencia: fumar es hoy cosa de marginados. Qué lejos queda aquel tiempo en que el tabaco creaba estilo y las vampiresas desplegaban tras el humo su poder de seducción. Ahora enciendes un pitillo como pidiendo perdón, sabedor de que los demás te ven como un tipo con problemas. 

2. El psicoanálisis sólo tiene a mis ojos un problema, pero ese problema lo intoxica todo: me aburre espantosamente hablar de mí mismo, mis contradicciones son un coñazo que difícilmente podrían interesar a nadie puesto que ni siquiera a mí me interesan. 

3. La sexualidad femenina continúa siendo inquietante para el orden establecido -también en el mundo desarrollado- porque una mujer libre desata temores que habitan en lo más profundo de la fibra moral que fundó las civilizaciones. 

4. Nos asaltan las televisiones con imágenes de reyertas de papás en partidos de fútbol infantiles. Comparto el sentimiento reprobatorio, pero ¿soy el único que se percata de que lo convertimos todo en espectáculo? 

5. Un profesor es agredido en el Centro donde trabajo por un alumno disconforme con su nota. Lo que debería ser un escándalo mayúsculo se silencia de forma vergonzante. Entiendo a las mujeres maltratadas que se sienten abandonadas y llegan incluso a sentirse culpables por algo de lo que sólo son víctimas. Un perturbado nos pega un puñetazo y de inmediato se desatan las presiones para que lo olvidemos. Después nos quejamos de que la sociedad no nos respeta. 

5. "¿A qué olía Hitler?", reza el titular. Y en el subtítulo se indica que "empezó a oler muy mal desde Stalingrado". Lo publica El País, diario que durante décadas consideré modélico. "¿Por qué no investigan si tenía la polla grande o pequeña?", proclamo a voz en grito. "Ya lo han hecho", contesta un compañero historiógrafo. Vaya por Dios. 

6. Llega a España la selección de Israel y proliferan las críticas. Ciertamente los jugadores no tienen ninguna culpa de la situación de Palestina. Pero me hastía esa moralina empeñada en que no mezclemos fútbol y política. Hasta hace un cuarto de siglo Sudáfrica no competía en mundiales y olimpiadas por el Apartheid. Conviene no olvidarlo.

7. Dos chicas lesbianas se besan sin temores en el hall del Instituto donde trabajo. Curiosamente es la única pareja que lo hace. Cuando yo estudiaba eran comunes las demostraciones de afecto entre enamorados. ¿Es que ya sólo se aman los homosexuales?  

8. Un tipo que ni siquiera estaba vinculado a células terroristas asesina a cuatro personas en el puente de Westminster. Se ha vuelto frecuente este fenómeno: un bárbaro que dice actuar en nombre de Alá se suicida llevándose por delante a unos cuantos infortunados y el Estado Islámico reivindica el atentado. No veo gran diferencia con esos lunáticos que sacan una recortada en una ciudad de EEUU y disparan contra la multitud hasta que son abatidos por la policía. No hay manera de defendernos contra eso. Sólo podemos empecinarnos en que el miedo no nos paralice. Pero no soy optimista, todo esto trae más Le Pen, más xenofobia, más Trump, más inocentes acosados, más chantaje de la seguridad, más Brexit, menos democracia... 

9. Se habla de un "terrorismo de franquicia". Yo hablaría más bien de "terrorismo por metástasis". Las franquicias controlan a sus franquiciados y les suministran la lógica y el utillaje productivo. Esto es otra cosa, son reacciones diseminadas e imprevisibles que imitan la mecánica del tumor original. 

10. El empeño de Artur Mas en presentarse ante el mundo como un Nelson Mandela me genera una indefinible mezcla de irritación y compasión. 


Sunday, March 19, 2017

EN FALLAS

Todos los años, cuando llega marzo, hay algo dentro de mí que me anima a decir que "este año sí, que he de recuperar al niño que tengo escondido en las mazmorras del alma y disfrutar de la fiesta". Unos días después, en cuanto el Ayuntamiento de Valencia abre la veda de la barbarie, termino acordándome de cuanta razón tenía en los años anteriores, cuando a poco de empezar Fallas yo ya cogía el coche para largarme de Valencia. 

No estoy cerca de esa sector la izquierda, muy divina ella, que en el País Valenciano renunció hace décadas a la más multitudinaria e influyente fiesta local en nombre de un catalanismo melancólico y desde una mirada en el fondo muy burguesa e intelectualmente elitista. El resultado son unas Fallas demasiado atravesadas por el mal gusto, la zafiedad artística, la ideología reaccionaria y, muy especialmente, el salvajismo. Por fortuna, nunca es tarde, y el hecho de que personajes tan relevantes de la actualidad política como Mónica Oltra o Joan Ribó, vecinos de barrios muy castizos de la ciudad, hayan cogido este toro por los cuernos, abre la expectativa de unas Fallas no necesariamente incívicas. 

No hay demasiados que entren en diálogo conmigo sobre este asunto. Los falleros más recalcitrantes no son aficionados al debate, prefieren el ruido y a veces la furia, mientras que las personas de mi círculo decidieron ya por el lejano siglo XX que la batalla estaba perdida y que la única solución con las Fallas era largarse tres o cuatro días esperando a que escampara. 

Yo creo que el problema de estos últimos es que no les gustan las Fallas, en eso debo ser una anomalía: a mí sí me gustan. No les daré la tabarra con misticismos de lo colectivo, de esos que históricamente han engendrado espantosas tempestades. Pero tampoco me parece insano referirse los démones que se convocan con ese formidable acontecimiento que es la mascletà, o las hogueras, tan singularmente características de las noches mediterráneas. Llevo siglos soñando con que las multitudes recuperen las calles que les han arrebatado los vehículos o los centros comerciales, ¿por qué lamentar entonces que las cohortes de las falleras mayores y las bandas de música se apoderen de la ciudad? Lo he dicho muchas veces, la globalización amenaza con uniformizar el mundo, despoblar los espacios públicos y convertirnos a todos en pasivos consumidores y precarios asalariados. La diversidad, esa que simulan amar los publicistas de Benetton y otros farsantes, emerge de verdad, con toda su poesía y toda su prosa, en acontecimientos como las Fallas de Valencia. Podría hablar en similares términos de Alicante en Fogueres, la Pamplona sanferminera o el Cádiz de los Carnavales.  

Permítanme dos propuestas. Proceden de una reflexión de muchos años, porque ni siquiera la trascendencia de la fiesta puede sobreponerse a la necesidad de convivir y al democrático respeto a los derechos ciudadanos: prohibir la venta de masclets al público y prohibir la "despertà". Con los masclets se da vía libre a una forma de barbarie intimidatoria y que casi todo el mundo detesta, por lo general en silencio. Con la despertà -así es en la plaza donde vivo- un caballero borracho que ha pasado la noche dando la lata te saca haciendo el simio del sueño que has empezado a conciliar y que necesitas porque a lo mejor tú sí trabajas. Esas dos pequeñas reformas, y una llamada a recordar que los monumentos de cartón piedra son más interesantes cuando los hacen los vecinos y no un artista fallero destinado a ganar un banal concurso, bastan a mi entender para que marcharse de la ciudad en Fallas no fuera necesario. Al menos para mí.